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domingo, 22 de mayo de 2011

El ballet cubano de Miami al cuidado del estilo

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BALLET / “La Fille mar gardée” / Cuban Classical Ballet of Miami

El ballet cubano de Miami al cuidado del estilo

 

El Cuban Classical Ballet of Miami estrena una deliciosa versión de “La fille mal gardée” con grandes estrellas invitadas de la diáspora

 

ROGER SALAS (*)

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Este pasado fin de semana (sábado 14 y domingo 15 de mayo) el Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM) estrenaba en el Jackie Gleason Theatre de Miami Beach una nueva producción de “La fille mal gardée” el mas antiguo de los ballets del repertorio universal de la danza académica que se conserva sobre los escenarios y una pieza que no debe faltar en ninguna compañía que se precie de preservar y divulgar el ballet académico desde su vertiente histórica. El CCBM tiene ya en sus apenas seis años de existencia el haber levantado escenificaciones exitosas de “Giselle”, “Don Quijote”, “El Corsario”, “Cascanueces”, “El Lago de los Cisnes”, “Grand Pas de Paquita” y otras piezas modernas, como la “Carmen” de Alberto Alonso a los que se suma esta “Fille” esmeradísima. Debe reconocerse el esfuerzo y la dinámica, a una gran producción por año de existencia y en condiciones a veces de precariedad económica, además de otros sinsabores y mezquindades domésticas, bloqueos morales y sin el respaldo expreso de la crítica local. El papel del patrocinio de American Airlines ha sido fundamental para el desarrollo de la compañía y para el mismo Festival Internacional de Ballet de Miami, que se gestiona igualmente desde la misma institución y que también dirige Pedro Pablo Peña.

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La fille mal gardee” es una joya imprescindible, la pieza sobre la que se articula la progresión del ballet de acción que tendrá luego su culminación en el período romántico y también que cimienta la idea de contar una historia a través del ballet argumental, algo que ya preconizaba Gasparo Angiolini y que Jean Dauberval aprendió directamente de ese genio italiano del neoclasicismo; el programa del CCBM se completaba con el “Grand Pas de Paquita” en una cuidada reposición (que aún necesita de ajustes por su complejidad tanto en los ensambles como en las partes solistas) siempre de acuerdo a las versiones canónicas de Marius Petipa y que se sostienen en el legendario Teatro Marinskii de San Petersburgo, verdadero vaticano del ballet académico y tronco esencial para unos repertorios que hoy aparecen por todas partes con sensibles cambios estructurales. Paquita era un ballet en cuatro actos al que Petipa agregaría este Grand Pas en forma de “divertissement” de formato sinfónico, al estilo suyo, que era el estilo imperial y el que se consideraba mas esplendoroso en su época, y es por eso que contiene esa riqueza de variaciones diversas muy matizadas, donde se va desde el adagio al lento-spiritoso o a otras en tiempo de vals que resumen su estética melódica, de amplio fraseado donde prima una elevación elegante a la vez que festiva.

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Peña, como director artístico del CCBM deja claro con este montaje de “La Fille” y de “Paquita” (que ha significado un paso adelante y sacrificio en los duros tiempos que corren) que su línea no quiere ser estrechamente una desinencia de las escuelas norteamericana y cubana, que es de donde se nutre básicamente para la plantilla (aun contando con una lista cosmopolita de bailarines donde no faltan otros latinoamericanos y asiáticos junto a italianos e hispanos), sino que, estéticamente hablando, se abra a la recuperación de una forma de bailar los clásicos mucho mejor ligada a las tradiciones europeas. No debe perderse la perspectiva del origen troncal de las obras, sus propios árboles genealógicos. “La Fille” es un ballet francés en origen, pero lo que se lleva hoy a la escena es básicamente un tamizado severo de la escuela rusa.

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Entre las cuatro figuras estaban los primeros bailarines del English National Ballet, el cubano Arionel Vargas y la brasileña Fernanda Oliveira, la primera bailarina del la Opera de San Francisco, la también cubana Lorena Feijoo y Rolando Sarabia, el sin fisuras mejor y brillante de los solistas cubanos de su generación y estrella, casi bandera, del CCBM.

Rolando Sarabia es un artista dotado especialmente para la danza clásica, con una facilidad extrema y poética para la interpretación dando a su ejecutoria una rara sensación de perfección y limpieza, que ha retomado su carrera en Norteamérica de manera fulgurante; citemos que en estos mismos días se estrena en el Metropolitan Opera House de Nueva York con una función especial de “Don Quijote” junto al American Ballet Theatre teniendo como partenaire a otra cubana: la primera bailarina Xiomara Reyes (que ya en otras ocasiones ha sido invitada de excepción de CCBM). Días después Sarabia y Lorena Feijoo están partiendo para Moscú, pues son ambos artistas cubanos son finalistas del Premio Benois de la Danza 2011, el galardón tenido como muy prestigioso de la especialidad a nivel global, bailando en el escenario del Teatro Bolshoi de Moscú el días 24 y 25 de este mes de mayo. El Colas de Sarabia es vigoroso a la vez que mantiene el ecnato del muchacho díscolo y enamoradizo que marca la pantomima. Su salto es equilibrado y su giro musical. La Lisette de Lorena Feijóo suma a las dotes de “soubrette” que pide la pieza una chispa especial y una técnica de destaques precisos. Entre ellos hay química escénica, soluciones que dan a los pas de deux una agitación interna, un brillo y un brío especial, algo que, como se sabe en ballet, va más allá de la corrección interpretativa y entra en el terreno puramente artístico.

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Cual es la primera conclusión que se saca de todas estas estimulantes noticias? Se vuelve a hablar con generosos titulares del ballet cubano en el mundo pero esta vez son los artistas del exilio los que protagonizan los hechos en varios sitios a la vez. La pareja compuesta por Vargas y Oliveira da otros matices diferentes, siempre en un rango de interpretación de excelencia. Vargas, con su apuntada línea de verticalidad física, es discreto a la vez que eficiente, mientras que Oliveira se apropia de Lisette para hacerla más carnal, quizás algo alejada del estilo en sus medidas más escolásticas, pero muy chispeante. Entre ellos también hay guiños muy sutiles, pero que enriquecen la materia bailada.

Hay que citar a Jesús Sanfiel en su Mamá Simone, defendiendo el papel desde la óptica menos expeditiva y tópica (eso es un logro estético), manteniendo un tono a veces reservado y otras de contención, pero dando una encarnación creíble y en estilo; Vito Raso como Thomas dio muestras de madurez teatral y Walter Gutiérrez García se explayó conquistando al público en su versión de Alain, casi explosiva y buscando la hilaridad desde una personificación que tiene sus partes de virtuosismo y sus partes de compleja acción teatral.

La fille mal gardee” de Miami ha sido un éxito artístico, aunque en las dos funciones no hubiera tantos espectadores como otras veces (después se ha sabido que hubo un incidente informático de asalto a la página web de la compra de entradas donde apareció un cartel de NO HAY BILLETES que frenó la compra). La producción de los pintores rusos (vestuario de Anna Kotlova y escenografía de Viacheslav Okuner) se inspiran en la tradición rococó (tanto en la gama de dorados y azules como en la paisajística) y son sencilla y difícilmente superables por su calidad, encerrando los referidos plásticos de la época en un todo de gran colorido y refinamiento; citemos también que esta producción liga plásticamente con la que tradicionalmente presenta la Escuela Vaganova de San Petersburgo.

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La puesta en escena de Pedro Pablo Pena y Eriberto Jiménez no desecha influencias positivas y estilísticas de las versiones antiguas y retoma en la banda sonora música olvidada y fragmentos coreográficos virtuosos. Lorena Feijoo en la primera función aporto su experiencia, su madurez de “prima ballerina” que exprime el estilo hasta sus detalles sutiles. Sarabia fue un “partenaire” atento, con esa elegancia donde todo lo que ejecuta parece facilidad y música de gran altura. El muy joven Christopher Rodríguez Miró como partenaire en “Paquita” mostró unas condiciones y un físico que miran al futuro, que hacen que debamos seguir su trayectoria atentamente pues tiene dotes especiales con las que puede consagrarse.

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© Roger Salas

(*) Este artículo ha sido ampliado para este blog, y anteriormente ha aparecido en otras versiones el Diario de Las Américas (Miami) y en la edición digital de El País (Elpais.com).

FOTOGRAFÍA: Bernardo Diéguez (Miami).  Protagonistas: Lorena Feijóo (Lisette) y Rolando Sarabia (Colas) en "La Fille mal gardée" (Cuban Classical Ballet of Miami)

miércoles, 6 de abril de 2011

Matteo Vittucci, bailarín y divulgador de la danza española en EE UU

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Matteo Vittucci y Carola Goya

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Matteo Vittucci, bailarín y divulgador de la danza española en EE UU

Formó pareja con Carola Goya y escribió varios libros sobre el baile español y las castañuelas

ROGER SALAS

(http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Matteo/Vittucci/estrella/danza/espanola/EE/UU/elpepinec/20110406elpepinec_2/Tes)

 

El bailarín y coreógrafo norteamericano Matteo Marcellus Vittucci murió el pasado jueves 24 de marzo a los 92 años en la residencia Lilliam Booth para artistas jubilados de la ciudad de Englewoog (Nueva Jersey) debido a complicaciones de un derrame cerebral. Conocido artísticamente como Matteo a secas, había formado una pareja legendaria de bailes españoles con Carola Goya desde 1954. En 1974, tras 20 años juntos, Carola y Matteo se casan. Carola Goya, que era también norteamericana e hija del productor Samuel Weller, murió en 1994 y en su biografía está el haber formado parte de la Compañía de José Greco entre 1947 y 1951. También fue la primera bailarina de danza española que dio un concierto en solitario en el Metropolitan Opera House bajo la dirección de Mijail Fokin en 1927.

Matteo Vittucci había nacido el 5 de febrero (o el 2 de mayo) de 1919 en Utica (Nueva York) e hizo sus estudios de música, historia y artes en la Universidad de Cornell, de donde pasó a la Escuela de Ballet del Metropolitan Opera House. También residió y obtuvo un doctorado por el departamento de danza de la Universidad de Springfield. Su debú fue como bailarín de ballet en 1940. Estuvo en plantilla de la compañía del Metropolitan Opera entre 1946 y 1950, y se mantiene como artista clásico hasta 1953 en que se interesó más en serio por las danzas de Oriente. Antes ya tuvo sus primeros lazos con las danzas exóticas a través de La Meri (su verdadero nombre era Rusell Meriwether) en su Centro Etnológico de Danza. En 1944 La Meri hizo una versión de El lago de los cisnes en lenguaje del Baharata-Natyam hindú, donde Matteo hacía el papel del príncipe.

El trabajo conjunto de Matteo y Carola no se circunscribió a los bailes españoles, sino que en 1967 fundan en Nueva York la Fundación para la Danza Étnica, con la idea de difundir y atesorar ordenadamente sus conocimientos de bailes tanto de Japón como de la India. Durante más de 30 años, el conjunto liderado por Matteo y Carola se insertó en el circuito de los teatros universitarios de toda Norteamérica, girando incansablemente con sus representaciones que siempre tenían un carácter didáctico. Matteo y Carola solían decir bromeando que probablemente muchos estudiantes norteamericanos no sabrían ubicar en el mapamundi a Sevilla pero seguramente los habían visto a ellos bailar sevillanas. En Nueva York, siempre se rodearon de amigos españoles desde los primeros exiliados después de la Guerra Civil. Después de la contienda, Carola, que había estudiado en Madrid, no regresó a España.

Durante años Matteo y Carola convirtieron en tradición su participación en el prestigioso festival de Jacob’s Pillow de Becket (Massachusetts), donde bailaban y daban cursos de verano.

Cuando Matteo ocupó la docencia de danza dentro de la Escuela Superior de Artes Escénicas de Manhattan (NY) a principios de los años 50, introdujo grandes cambios en el programa de estudios, entre ellos la danza étnica. Muchos de los graduados de esta época pasaron a formar parte de la Indo-American Dance Company, que fundó junto a Carola Goya y que luego se refundió en otras formaciones lideradas por ellos mismos.

Matteo escribió varios libros que han sido muy elogiados por estudiosos y aficionados del ámbito anglosajón, sobre todo El lenguaje de la danza española. Diccionario y Manual de referencias y el Woods that dance (editado este último por Dance Perspectives 33, 1968), un libro sobre las castañuelas que contenía además un sistema de notación y sus teorías muy documentadas acerca del origen oriental de este instrumento. A partir de 1955 Matteo y Carola pusieron castañuelas a partituras de Chopin, Gossec, Rossini y Stravinski para conciertos sinfónicos acompañados de grandes orquestas.

Matteo participó desde muy pronto en programas divulgativos de televisión y tuvo una importante contribución a la Enciclopedia dello spettacolo, donde aportó su sabiduría sobre lo étnico y escribió también para la Internacional Enciclopedia of Dance (Selma Jeanne Cohen, Oxford). Su última visita a España junto a Carola Goya fue en 1992 con ocasión del Congreso Internacional sobre La Escuela Bolera Española celebrado en Madrid.

© Roger Salas / El País

miércoles, 2 de marzo de 2011

Una de las estrellas del Ballet de Cuba deserta en Canadá

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Una de las estrellas del Ballet de Cuba deserta en Canadá

R. SALAS / AGENCIAS - Madrid / Toronto - 02/03/2011

http://www.elpais.com/articulo/cultura/estrellas/Ballet/Cuba/deserta/Canada/elpepucul/20110302elpepicul_9/Tes

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(Elier Bourzac, a la derecha de Alicia Alonso)

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Cinco integrantes del Ballet Nacional de Cuba (BNC), entre ellos uno de los primeros bailarines de la formación, Elier Bourzac, de 26 años, se quedaron en Canadá tras una actuación en Montreal el mes pasado, informó The Montreal Gazette. Bourzac declaró al rotativo canadiense que su decisión responde a razones "artísticas" y que su objetivo y el de todos sus compañeros de huida es integrarse en una compañía canadiense.

El bailarín añadió: "En Cuba, donde es exclusivamente danza clásica, llegué hasta donde quería en ballet clásico, y me gustaría seguir en ballet. Pero querría explorar el baile contemporáneo y trabajar con coreógrafos internacionales". Los otros cuatro bailarines que han dejado la compañía son: la esposa de Bourzac, Patricia González, de 24 años; Jorge Villazón, de 32; Yadil Suárez, de 22; y Hugo Rodríguez, de 20.

El Ballet Nacional de Cuba representó en febrero la obra Giselle en Canadá. No es la primera vez que bailarines cubanos se quedan en el país norteamericano; tres primeros bailarines ya lo hicieron en 2008 después de una actuación en Ontario. La diáspora de miembros del Ballet Nacional es una constante desde que en 1966 10 de ellos abandonaran a Alicia Alonso y al BNC en París. La desaparición más sonada de un componente del Ballet Nacional de Cuba se produjo en 1992, cuando Jorge Esquivel, el bailarín más famoso de la compañía, pareja artística de Alicia Alonso, pidió asilo político en la Embajada de Estados Unidos en Roma. La página web del Ballet Nacional de Cuba seguía ayer manteniendo a Elier Bourzac como uno de los primeros bailarines del grupo.

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(Yadil Suárez, en Don Quijote)

lunes, 28 de febrero de 2011

Ángel Pericet Blanco, bailarín, maestro y coreógrafo

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Ángel Pericet

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Ángel Pericet Blanco, bailarín, maestro y coreógrafo

Máximo representante de la dinastía familiar sevillana, era el decano de la Escuela Bolera

ROGER SALAS

 

El bailarín, coreógrafo y maestro de Escuela Bolera Ángel Pericet Blanco murió en la tarde el pasado sábado día 26 de febrero en su casa de Madrid a los 85 años, víctima de un ataque cardíaco. Había nacido el 28 de febrero de 1926 en la Plaza de Zurbarán 3 de Sevilla, donde su padre, Ángel Pericet Giménez, tenía la academia de danza en la propia casa familiar (antes sus parientes habían vivido y trabajado la danza en la Calle de La Amistad); era nieto de Ángel Pericet Carmona, pilar de la línea familiar y maestro en la Casa de los Artistas de Sevilla en el siglo XIX (actualmente en restauración y donde todavía hay un cartel pintado en añil de la Academia de Bailes que data de 1905). Con su muerte desaparece el mayor de la más añeja e importante saga familiar de la danza español tradicional y de la Escuela Bolera en particular. Era también bailaor y profundo conocedor del baile popular andaluz. Contribuyó con sus parientes a la redacción de Técnicas, pasos y aprendizajes de la Escuela Bolera Andaluza, decálogo de su tradición y cultura coréutica; la primera redacción fue en 1942 y retocada en años posteriores. Una síntesis de esto se publicó en el catálogo del Congreso Internacional de La Escuela Bolera (Ministerio de Cultura, 1992), donde Ángel tuvo una activa participación en los coloquios, charlas y discusiones en que siempre defendió fervorosamente la autenticidad de sus planteamientos estéticos alrededor de la Escuela Sevilla y de los llamados Bailes de Palillos, con la conciencia de que la Escuela Bolera tiene su propio entrenamiento particular.

Ya en 1992, con ocasión de la Bienal de la Danza de Lyon dedicada a España, la especialista Marie-Françoise Christout, de la Biblioteca Nacional de París, señalaba que la saga de los Pericet era comprable y universal como la de los Viganó o Angiolini para Italia; los Taglioni para Francia o los Bournonville para Dinamarca.

Su formación dancística fue totalmente doméstica y autodidacta. Estudió piano con Guridi y acabó la carrera con notas altas y con la aspiración inicial de ser concertista, pero el baile se cruzó en su camino, un oficio que había aprehendido desde niño en casa. La familia Pericet se había trasladado a Madrid en 1932, a la Calle de La Encomienda 10 y otra parte de la familia a la calle Santa Casilda, donde abren sendas academias de danza. Ángel obtiene su primer contrato como pareja de Elvira Lucena en unos recitales en el Teatro Español donde debuta el 18 de febrero de 1947 y donde también baila Vicente Escudero. Después, ya bailando en el Teatro de La Zarzuela, le ve el director de la compañía Romería, de Estrellita Castro, y le contrata con su hermana Concepción para el Teatro Avenida de Buenos Aires, donde permanece cinco años además de girar por Brasil, Cuba Estados Unidos México y Chile. Fue Estrellita Castro quien le gestionó a Ángel una nueva prórroga para no tener que volver a España enseguida a cumplir el servicio militar, del que finalmente fue eximido. El cónsul español en Río de Janeiro le dijo una vez: “Hace usted mucho más por España bailando por el mundo que cumpliendo la mili, y es por eso que se le exime, por su labor cultural a favor de España”.

La relación de la Familia Pericet con Argentina había empezado mucho antes, cuando en 1927 Ángel Pericet Giménez había ido a Buenos Aires bailando con sus hermanas en el Teatro Casino y haciendo matinés en el Parque Japonés.

Más tarde, en 1969, ya afianzada su relación con Argentina, en el Teatro Colón de Buenos Aires baila y coreografía La vida breve y El sombrero de tres picos (Falla), además de obtener un gran éxito con los bailables de Doña Francisquita. En esas funciones del Colón bailaron junto a Los Pericet grandes estrellas del ballet argentino como Norma Fontela, José Negrín y Rubén Estanga, entre otros, tristemente desaparecidos en el accidente aéreo que diezmó la compañía bonarense.

La agrupación familiar de danza de Los Pericet se había fundado en 1959, comenzando a actuar y a hacer giras internacionales, donde bailaban los hermanos Ángel, Carmelita, María del Amparo, Eloy y Concepción, viajando a Asia y Europa, y ese año presenta en el Odeón de Buenos Aires la obra Danzas y cantares de España. Cuando Eloy se casa y deja el escenario para proseguir solamente en la enseñanza, le sustituye el bailarín solista del Teatro Colón José Zartman, que continúa con Los Pericet por muchos años.

Había hecho Ángel su primera coreografía a los 19 años: La academia de los bailes de Sevilla, a la que siguió una versión íntegra de Goyescas (Granados), y en 1950 estrenó su versión de El Vito, por primera vez bailado por un hombre, y la mantiene en repertorio hasta su retiro. En 1961 vuelve a una gira española que culmina en el Teatro Infanta Isabel de Madrid con muy buenas críticas y reseñas de prensa. En 1965 participa en los Festivales de España y hace unas presentaciones con nuevas piezas en el Teatro de La Zarzuela de Madrid. La última actuación importante en España de los cuatro hermanos Pericet juntos fue en este mismo coliseo con ocasión de las galas de La Escuela Bolera en noviembre de 1992 (Bailaron los cuatro hermanos las “Sevillanas Boleras” y Ángel y Carmelita “La Maja y el Torero”). Antes, los Pericet habían hecho tres conciertos en el Teatro des Celestins de Lyón en septiembre del mismo año, como parte de los actos de la Bienal lionesa. Allí también bailó La Maja y el Torero junto a su hermana Carmelita, lo que ya habían hecho juntos en 1990 en el escenario del Teatro Mariinski de San Petersburgo dentro del festival Bailar España. En esa ocasión también bailó una jota bajo la dirección orquestal de Fedotov, largamente ovacionada por los rusos. La Maja y el Torero también estuvo bailada por Ángel y Carmelita en el Teatro Romolo Valli de Reggio Emilia en la Gala del Festival de 1988.

Entre sus principales coreografías están España (Chabrier) y El fandando del candil (Padre Soler), que fue la última. En 1983 cuando María de Ávila asume la dirección del Ballet Nacional de España lo llama como adjunto y le encarga Seis sonatas para la reina de España (Scarlatti) que se estrena en 1985 y aún está en el repertorio activo de la compañía titular española. Participó en varias películas, destacando Café cantante (1951) con Imperio Argentina y dirigida por Momplet.

En Buenos Aires trabó amistad con Rabel Alberti, que le dedicó un poema que el mismo poeta leyó en el Teatro Odeón donde la compañía de Los Pericet hacían temporada y habían cedido el teatro un día para celebrar el 60º aniversario del natalicio de Federico García Lorca. Entre otros intelectuales de la época tuvo estrecha amistad con Rivas Cheriff y Juan Ramón Jiménez.

Ángel Pericet era un gran artista y una bellísima persona, muy colaborador y comunicativo, siempre dispuesto a contestar las preguntas que se le hacían con entusiasmo y buen talante. Durante toda su vida impartió cursos, clases y transmitió su repertorio histórico de la Escuela Bolera, insistiendo siempre en la importancia de la conservación de los estilos.

En su Sevilla natal hace pocos años se inauguró el Aula Pericet, con la idea de preservar y mantener vivo el patrimonio coréutico de la Escuela Bolera en su vertiente andaluza y Ángel se mantuvo ligado a ella.

Ángel Pericet se retiró de la escena el 5 de mayo de 2005 en el mismo Teatro Avenida de Buenos Aires (donde mismo hizo su debú argentino y americano en 1949) bailando en el espectáculo Sobre madroños y faralaes. De estas funciones el crítico del periódico La Nación de Buenos Aires escribió el 7 de mayo de 2005: “Está presente el carisma de los Pericet, estirpe de artistas, de aquel que aunque lo quiera, no se retira jamás”.

Ángel se llamaba a sí mismo “el bailaor de las dos orillas”, por su apego e implantación en el cono sur americano. Serán llevados sus restos a Buenos Aires para descansar junto a sus parientes en el panteón familiar. En 1992 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

© Roger Salas / El País

viernes, 25 de febrero de 2011

Manolo Vargas, bailarín-bailaor mexicano

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Manolo Vargas, bailarín-bailaor mexicano

Fue un importante miembro de los Ballets de Encarnación López ‘La Argentinita’ y de la compañía de Pilar López

ROGER SALAS

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Manolo Vargas, el legendario artista mexicano de la danza española y el flamenco, murió el pasado martes 8 de febrero en Ciudad de México a los 98 años. Había nacido en Tala (Jalisco) el 15 de agosto de 1912 aunque en la mayoría de los diccionarios de la especialidad aparece su natalicio en distintas dataciones de 1914. Su biógrafo, el arquitecto y escritor Homero Alonso Martínez, que publicó en septiembre de 2010 “Una vida dedicada a la danza” (Ediciones La Naranja / Universidad Nuevo león de Monterrey), ha señalado cómo el tenaz y prolífico bailarín y maestro se mantuvo en activo hasta apenas una semana antes de su muerte, impartiendo las clases comprometidas en su academia. Fue una de las más importantes figuras de los Ballets de Encarnación López, ‘La Argentinita’ hasta la muerte prematura de ésta en 1945 y posteriormente de su hermana y continuadora, Pilar López. En el Diccionario Biográfico de la Danza Mexicana (coordinado por César Delgado Martínez) se le cita explícitamente en su importancia y le apuntan en 1987 la medalla Una Vida por la Danza.

Manolo Vargas, cuyo verdadero nombre era José Aranda de Valadez se formó académicamente en un internado de Guadalajara y empezó a estudiar danza con Óscar Tarriba, pero su formación posterior estuvo en manos de Encarnación López y El Estampío (Juan Sánchez Valencia y Rendón), quienes pulieron su potente y perdurada personalidad teatral, teniendo un lugar cimero el perfilado definitivo de la figura masculina del bailarín-bailaor escénico, que en sus tiempos compartió con figuras como Roberto Ximénez (con quien haría compañía propia a partir de 1954 hasta 1963), José de La Vega, José Granero o Alejandro Vega, y que tuvieron importante continuidad y enlace con la generación siguiente en la que figuran Antonio Gades, Mario Maya y El Güito (Eduardo Serrano Iglesias), entre otros.

Manolo Vargas se enfrentó a una férrea oposición paterna cuando manifestó su interés en bailar, y es por ello que abandona Jalisco y se establece primero en Guadalajara y después en el populoso Distrito Federal, donde frecuenta la bohemia artística y hace diversos trabajos esporádicos para sobrevivir, como empleado de una gasolinera, camarero en cafés cantantes y taquimecanógrafo en un banco mercantil, al tiempo que aparece ya matriculado en la Academia Nacional de Danza donde estudia ballet, folclore y danza española con los maestros Enrique Vela Quintero y Ernesto Agüero. Realiza sus primeros ensayos de danza en el Salón Riveroll con su maestro de entonces, Juanito Barajas, momento en que se decide dedicarse al baile español en propiedad al sustituir a Óscar Tarriba en un número de pareja con Raquel Rojas. Esa función la vio La Gitanilla, que lo invita como pareja de baile a Nueva York, donde se le encuentra ya a principios de los años treinta con el impulso del empresario Vicente Miranda. De nuevo en México se presentaron en El Patio, Corintio, en Le Grillon y de nuevo viajan a Norteamérica. En 1940 se encuentra allí trabajando en las salas de fiestas y revistas junto a una pareja de bailes exóticos (muy en boga en aquella época) y en Nueva York le ve el bailarín italiano de danza española José Greco Bucci, que a su vez lo introduce con Encarnación López, que necesitaban elementos masculinos para su compañía de ballet español, pero la gran española lo rechaza la primera vez al considerar que no estaba suficientemente preparado. Encarnación le admite en la segunda intentona y le cambia el nombre, con la mítica frase: “Yo tengo ya un José en la compañía, de modo que a partir de ahora te llamas Manolo”. Lo primero que bailó fue “Danza II” de Granados. El propio Greco estuvo a toda prisa durante cinco semanas enseñándole las coreografías para el debú. La crítica se fijó enseguida en su potente físico y le señala como una revelación en las funciones del Carnegie Hall de 1942. El empresario de bailarines Sol Hurok le pide a La Argentinita que bailen el “Bolero” de Ravel en unas funciones del American Ballet Theatre, que resulta un brillante cuarteto bailado por las hermanas López, José Greco y Manolo Vargas.

A la muerte de La Argentinita, su hermana Pilar López forma compañía y lo llama a Madrid, con quien permanece en plantilla fija hasta 1952. En 1955 emprende la aventura de la compañía propia con Roberto Ximénez: El Ballet Ximénez-Vargas, agrupación que sobrevive hasta 1963 (en su elenco estaba José Granero). Esta compañía se presenta en el Festival Jacob’s Pillow (Massachusetts) y visitaron México en dos ocasiones: 1955 y 1963. Entre sus coreografías están “Chamber Dance Quarter”, y en co-autoría con Ximénez, destacan “Leyenda”, “Tarantas” y “Zambra

Después de siete años de giras agotadoras, regresa a España en 1961 y ejerce labor docente y de escena hasta que regresa a su México natal.

Pilar López le rememoraba una vez así: “Sembrado de planta y personalidad, aunque falto de técnica e incluso no tenía un buen oído, pero su personalidad en escena era arrebatadora”. En su filmografía, que es amplia y muy variada, destacan “El amor brujo” (1949) dirigida por Antonio Román, con Ana Esmeralda como compañera de reparto y actuaciones especiales de Pastora Imperio y Juan Magriñá, y sobre todo “Duende y misterio del flamenco” (1952), de Edgar Neville, donde baila junto a todos los grandes de su tiempo. Fue el maestro de danza española y flamenco de la bailarina y coreógrafa norteamericana radicada en España Margaret Jova, a quien enseñó, entre otros secretos y tradiciones, el manejo de la bata de cola.

© Roger Salas © EL PAIS

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