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sábado, 6 de agosto de 2011

“Noche española” con sabor cubano

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'Noche española' con sabor cubano

La gran danza del Cuban Classical Ballet of Miami debuta con éxito en el Festival de El Escorial

ROGER SALAS - San Lorenzo de El Escorial - 06/08/2011

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Noche/espanola/sabor/cubano/elpepuespmad/20110806elpmad_6/Tes

Lorena_Feijoo -- Lorena Feijóo, del Cuban Classical Ballet of Miami, durante el ensayo en El Escorial.- ANDRÉS DE GABRIEL

Lorena Feijóo, del Cuban Classical Ballet of Miami, durante el ensayo en El Escorial.- ANDRÉS DE GABRIEL

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En el verano de 2010 el Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM) o, lo que es lo mismo, el Ballet Cubano de Miami, se quedó con las maletas hechas y los decorados en enormes contenedores en el puerto de Santander. Las malas artes de una empresaria sin escrúpulos los dejaron colgados. Estaban programados en una gira española que comenzaba precisamente donde actuaron ayer día 5 y lo hacen hoy sábado: el teatro auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Anoche hicieron vibrar al público ofreciendo un baile espléndido y una energía que solo la gran danza es capaz de transmitir.

La noticia en otros webs

El programa realza las relaciones entre el ballet clásico y las danzas de tradición

El director del CCBM, Pedro Pablo Peña, cambió el programa para estas presentaciones y decidió esta Noche española, donde se realzan y verifican las relaciones entre el ballet clásico y las danzas españolas de tradición, sobre todo la Escuela Bolera que tanto ha influido en el repertorio del siglo XIX y principios del XX.

Para la Noche española, Peña ha reunido a sus principales figuras habituales, artistas cubanos que están repartidos por las mejores compañías del mundo. Y además, con la intervención de dos españoles: los madrileños Carlos López, solista del American Ballet Theatre de Nueva York, y la nueva y prometedora revelación de la danza española, Sergio Bernal. López bailó en el elenco de Majísimo (sobre las danzas de la ópera El Cid de Massenet) y en una recreación de concierto de la danza española del tercer acto de El lago de los cisnes. Bernal, por su parte, bordó con virtuosismo y garra la Farruca de El Molinero de El sombrero de tres picos.

Lorena Feijóo, primera figura, hizo un pas de deux de Carmen que la corona como heredera natural y consciente del rol tras Maya Plisétskaya (para quien se creó) y de Alicia Alonso (que lo particularizó); Feijóo es poderosa en escena, afila la técnica y da el perfil de la auténtica diva de ballet en un momento de madurez espléndida.

Cerró la noche Don Quijote, con un virtuoso Rolando Sarabia y una chispeante y segura Xiomara Reyes (bailarina principal del American Ballet); ellos se comunican bien y dan al dúo su mejor sentido artístico.

Consideremos en el mismo alto nivel de expresividad y ejecutoria a Rainieris Reyes y Nelson Madrigal, el primero en Paquita y el segundo en el Don José de Carmen. El total de las obras pone de relieve unos vasos comunicantes y una retroalimentación tan viva como exitosa: la del ballet y lo español. La obra Majísimo de Jorge García es la mejor demostración de esa estilización capaz de hacer que lo esencialmente español se vincule a lo que es académico y troncal; pasos, frases, acentos y combinaciones que probablemente ya estén fundidas para siempre.

© Roger Salas / El País

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domingo, 22 de mayo de 2011

El ballet cubano de Miami al cuidado del estilo

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BALLET / “La Fille mar gardée” / Cuban Classical Ballet of Miami

El ballet cubano de Miami al cuidado del estilo

 

El Cuban Classical Ballet of Miami estrena una deliciosa versión de “La fille mal gardée” con grandes estrellas invitadas de la diáspora

 

ROGER SALAS (*)

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Este pasado fin de semana (sábado 14 y domingo 15 de mayo) el Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM) estrenaba en el Jackie Gleason Theatre de Miami Beach una nueva producción de “La fille mal gardée” el mas antiguo de los ballets del repertorio universal de la danza académica que se conserva sobre los escenarios y una pieza que no debe faltar en ninguna compañía que se precie de preservar y divulgar el ballet académico desde su vertiente histórica. El CCBM tiene ya en sus apenas seis años de existencia el haber levantado escenificaciones exitosas de “Giselle”, “Don Quijote”, “El Corsario”, “Cascanueces”, “El Lago de los Cisnes”, “Grand Pas de Paquita” y otras piezas modernas, como la “Carmen” de Alberto Alonso a los que se suma esta “Fille” esmeradísima. Debe reconocerse el esfuerzo y la dinámica, a una gran producción por año de existencia y en condiciones a veces de precariedad económica, además de otros sinsabores y mezquindades domésticas, bloqueos morales y sin el respaldo expreso de la crítica local. El papel del patrocinio de American Airlines ha sido fundamental para el desarrollo de la compañía y para el mismo Festival Internacional de Ballet de Miami, que se gestiona igualmente desde la misma institución y que también dirige Pedro Pablo Peña.

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La fille mal gardee” es una joya imprescindible, la pieza sobre la que se articula la progresión del ballet de acción que tendrá luego su culminación en el período romántico y también que cimienta la idea de contar una historia a través del ballet argumental, algo que ya preconizaba Gasparo Angiolini y que Jean Dauberval aprendió directamente de ese genio italiano del neoclasicismo; el programa del CCBM se completaba con el “Grand Pas de Paquita” en una cuidada reposición (que aún necesita de ajustes por su complejidad tanto en los ensambles como en las partes solistas) siempre de acuerdo a las versiones canónicas de Marius Petipa y que se sostienen en el legendario Teatro Marinskii de San Petersburgo, verdadero vaticano del ballet académico y tronco esencial para unos repertorios que hoy aparecen por todas partes con sensibles cambios estructurales. Paquita era un ballet en cuatro actos al que Petipa agregaría este Grand Pas en forma de “divertissement” de formato sinfónico, al estilo suyo, que era el estilo imperial y el que se consideraba mas esplendoroso en su época, y es por eso que contiene esa riqueza de variaciones diversas muy matizadas, donde se va desde el adagio al lento-spiritoso o a otras en tiempo de vals que resumen su estética melódica, de amplio fraseado donde prima una elevación elegante a la vez que festiva.

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Peña, como director artístico del CCBM deja claro con este montaje de “La Fille” y de “Paquita” (que ha significado un paso adelante y sacrificio en los duros tiempos que corren) que su línea no quiere ser estrechamente una desinencia de las escuelas norteamericana y cubana, que es de donde se nutre básicamente para la plantilla (aun contando con una lista cosmopolita de bailarines donde no faltan otros latinoamericanos y asiáticos junto a italianos e hispanos), sino que, estéticamente hablando, se abra a la recuperación de una forma de bailar los clásicos mucho mejor ligada a las tradiciones europeas. No debe perderse la perspectiva del origen troncal de las obras, sus propios árboles genealógicos. “La Fille” es un ballet francés en origen, pero lo que se lleva hoy a la escena es básicamente un tamizado severo de la escuela rusa.

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Entre las cuatro figuras estaban los primeros bailarines del English National Ballet, el cubano Arionel Vargas y la brasileña Fernanda Oliveira, la primera bailarina del la Opera de San Francisco, la también cubana Lorena Feijoo y Rolando Sarabia, el sin fisuras mejor y brillante de los solistas cubanos de su generación y estrella, casi bandera, del CCBM.

Rolando Sarabia es un artista dotado especialmente para la danza clásica, con una facilidad extrema y poética para la interpretación dando a su ejecutoria una rara sensación de perfección y limpieza, que ha retomado su carrera en Norteamérica de manera fulgurante; citemos que en estos mismos días se estrena en el Metropolitan Opera House de Nueva York con una función especial de “Don Quijote” junto al American Ballet Theatre teniendo como partenaire a otra cubana: la primera bailarina Xiomara Reyes (que ya en otras ocasiones ha sido invitada de excepción de CCBM). Días después Sarabia y Lorena Feijoo están partiendo para Moscú, pues son ambos artistas cubanos son finalistas del Premio Benois de la Danza 2011, el galardón tenido como muy prestigioso de la especialidad a nivel global, bailando en el escenario del Teatro Bolshoi de Moscú el días 24 y 25 de este mes de mayo. El Colas de Sarabia es vigoroso a la vez que mantiene el ecnato del muchacho díscolo y enamoradizo que marca la pantomima. Su salto es equilibrado y su giro musical. La Lisette de Lorena Feijóo suma a las dotes de “soubrette” que pide la pieza una chispa especial y una técnica de destaques precisos. Entre ellos hay química escénica, soluciones que dan a los pas de deux una agitación interna, un brillo y un brío especial, algo que, como se sabe en ballet, va más allá de la corrección interpretativa y entra en el terreno puramente artístico.

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Cual es la primera conclusión que se saca de todas estas estimulantes noticias? Se vuelve a hablar con generosos titulares del ballet cubano en el mundo pero esta vez son los artistas del exilio los que protagonizan los hechos en varios sitios a la vez. La pareja compuesta por Vargas y Oliveira da otros matices diferentes, siempre en un rango de interpretación de excelencia. Vargas, con su apuntada línea de verticalidad física, es discreto a la vez que eficiente, mientras que Oliveira se apropia de Lisette para hacerla más carnal, quizás algo alejada del estilo en sus medidas más escolásticas, pero muy chispeante. Entre ellos también hay guiños muy sutiles, pero que enriquecen la materia bailada.

Hay que citar a Jesús Sanfiel en su Mamá Simone, defendiendo el papel desde la óptica menos expeditiva y tópica (eso es un logro estético), manteniendo un tono a veces reservado y otras de contención, pero dando una encarnación creíble y en estilo; Vito Raso como Thomas dio muestras de madurez teatral y Walter Gutiérrez García se explayó conquistando al público en su versión de Alain, casi explosiva y buscando la hilaridad desde una personificación que tiene sus partes de virtuosismo y sus partes de compleja acción teatral.

La fille mal gardee” de Miami ha sido un éxito artístico, aunque en las dos funciones no hubiera tantos espectadores como otras veces (después se ha sabido que hubo un incidente informático de asalto a la página web de la compra de entradas donde apareció un cartel de NO HAY BILLETES que frenó la compra). La producción de los pintores rusos (vestuario de Anna Kotlova y escenografía de Viacheslav Okuner) se inspiran en la tradición rococó (tanto en la gama de dorados y azules como en la paisajística) y son sencilla y difícilmente superables por su calidad, encerrando los referidos plásticos de la época en un todo de gran colorido y refinamiento; citemos también que esta producción liga plásticamente con la que tradicionalmente presenta la Escuela Vaganova de San Petersburgo.

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La puesta en escena de Pedro Pablo Pena y Eriberto Jiménez no desecha influencias positivas y estilísticas de las versiones antiguas y retoma en la banda sonora música olvidada y fragmentos coreográficos virtuosos. Lorena Feijoo en la primera función aporto su experiencia, su madurez de “prima ballerina” que exprime el estilo hasta sus detalles sutiles. Sarabia fue un “partenaire” atento, con esa elegancia donde todo lo que ejecuta parece facilidad y música de gran altura. El muy joven Christopher Rodríguez Miró como partenaire en “Paquita” mostró unas condiciones y un físico que miran al futuro, que hacen que debamos seguir su trayectoria atentamente pues tiene dotes especiales con las que puede consagrarse.

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© Roger Salas

(*) Este artículo ha sido ampliado para este blog, y anteriormente ha aparecido en otras versiones el Diario de Las Américas (Miami) y en la edición digital de El País (Elpais.com).

FOTOGRAFÍA: Bernardo Diéguez (Miami).  Protagonistas: Lorena Feijóo (Lisette) y Rolando Sarabia (Colas) en "La Fille mal gardée" (Cuban Classical Ballet of Miami)

lunes, 4 de octubre de 2010

XV Festival Internacional de Ballet de Miami

MIAMI2010_001 (32)(Obra de Pilar Cossío perteneciente a su exposición "La leçon de danse")

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XV Festival Internacional de Ballet de Miami

El ballet: un arma cargada de futuro

 

Han sido tres lustros de trabajo en ballet. Pedro Pablo peña ha puesto en pie un festival de ballet que ya tiene un prestigio consolidado y una compañía que lucha por sobrevivir y se refunda a sí misma constantemente. Pero lo más importante es lo que hay detrás, el fundamento que anima a esas fiestas de la danza: es la pervivencia del ballet cubano en el exilio, sus galas son siempre las galas de la libertad, a la que acuden artistas de las mejores compañías del mundo.

Roger Salas

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La historia del ballet cubano es también la de sus artistas exiliados. La propaganda filocastrista internacional ha intentado hacer aparecer a los bailarines cubanos que habían huido de la isla o de las filas del Ballet Nacional de Cuba como simplemente emigrantes económicos. Esa es una mentira cruel que camufla muchas historias particulares, la mayoría con algún ingrediente trágico que supera en la realidad a los argumentos más descabellados de los ballets románticos.

MIAMI2010_CCBM-Rolando Sarabia & ABT -Xiomara ReyesXiomara Reyes (ABT) y Rolando Sarabia (CCBM) en "Don Quijote" (pas de deux).

El aparato mediático desplegado por los servicios secretos (y no tan secretos) cubanos y la profusa y floreada red de acólitos de Alicia Alonso propagó que el festival miamense no existiría más allá de dos o tres intentos y que imitaba pálidamente al de La Habana. Nada de eso se ha cumplido. El Festival Internacional de Ballet de Miami tiene su propio estilo, su propia vida, y lucha por progresar en un ambiente nada propicio, de cruda y despiadada competencia y sin el apoyo y los recursos institucionales de que goza el festival cubano en “la isla cautiva”, verdadera arma de propaganda política desde sus orígenes (no debe olvidarse que en varias ocasiones lo inauguró el propio Castro o sus palabras leídas por algún otro dirigente de la dictadura). Nunca ha faltado en los programas y libros hagiográficos alicistas la histórica foto de Fidel Castro junto a Alicia Alonso tras una función de “Giselle”. Esa foto sigue apareciendo como un símbolo (¿maldito?) del compromiso, (más bien la pesada cadena ideológica y material) que une al Estado Cubano con la institución cultural de la danza clásica. Eso no es nuevo. Los soviéticos heredaron de los zares la institución de los Ballets Imperiales de San Petersburgo y Moscú, que (seamos serios) era un arma de propaganda política en toda regla, ya en los tiempos en que estaba en manos de Marius Petipa a fines del siglo XIX. La revolución bolchevique implemente le cambió el nombre a los teatros, convirtieron en espías a algunas bailarinas (a otras las tiraron al Río Neva en Leningrado) y crearon algunos ballets con los solidarios temas del realismo socialista. Es este caso, todo siguió igual para que nada cambiara dentro del muy jerarquizado mundo del ballet. Cuba y su compañía titular más su festival, es un reflejo tardío y calcado del caso soviético, pero con algo de caricatura tropicalizada. Todo lo que ha pasado en Miami es una respuesta digna, orgánica y hasta espontánea de los artistas cubanos en libertad.

El Festival Internacional de Ballet de Miami cumple 15 ediciones en 2010, un logro difícilmente imaginable y que forma parte de la realidad del ballet en la ciudad de Miami gestada alrededor de su animador principal, Pedro Pablo Peña, un hombre formado en la praxis de los teatros cubanos primero y norteamericanos después. También no es menos cierto que este festival forma parte de la historia real del ballet cubano en el exilio (una historia que sigue estando pendiente de ser escrita con honestidad ante los hechos y las personas), aunque su propósito de internacionalización y de verdadera actitud democrática ante el arte del ballet lo ha caracterizado desde un principio. Los enemigos de esta iniciativa han florecido como setas en el bosque, dentro y fuera de Norteamérica, dentro y fuera de Cuba.

 

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Kaleena Burkes (CCBM) y Carlos López (ABT) en "Pas D' Sclave" de "El Corsario". FOTO copyright: Karime Arabia

Por motivos totalmente ajenos al arte del ballet mismo, el Festival Internacional de Ballet de Miami ha sido atacado desde el aparato propagandístico oficial cubano y por sus múltiples servidores tanto en Norteamérica como en Europa, en la que se incluye a ex miembros del BNC, escépticos ante la iniciativa de Peña, o simplemente celosos de su éxito. Ha sido una guerra soterrada muy injusta.

Durante un tiempo, si un artista venía a bailar a las galas del Festival de Miami, luego no podría hacerlo en La Habana, pero nunca al contrario: en el Festival de Ballet de Miami siempre se ha recibido a todos, incluso a quienes siguen manteniendo una actitud colaboracionista con Alicia Alonso y su séquito o que se reconocen como ideológicamente de izquierdas. Mayor demostración de equidad, imposible, y esta es una de las armas y de los valores que avalan al Festival de Miami. Pero dentro del conocido inmovilismo represivo, en Cuba las cosas han cambiado ligeramente al menos en esto. Las fuerzas de las circunstancias les han hecho aceptar tanto al aparato oficialista como a los propios gestores del BNC, y de paso a los poderosos dirigentes de la cultura insular, que algunos artistas bailen primero en Miami y luego vayan a La Habana. Es obvio decir que ha ganado la libertad., la libertad misma que la danza representa como expresión artística. Los vetos, rumores y amenazas siempre vinieron de parte del aparato organizativo del festival habanero. Esto ha cambiado, pero cabría preguntarse porqué nunca nadie quiere hablar de este espinoso tema, ni los bailarines, ni los coreógrafos, ni los críticos, ni siquiera los editores de libros. ¿A quién se teme en realidad? ¿Qué larga sombra puede tenderse todavía sobre la carrera de un bailarín por ir a un sitio determinado, expresarse bailando y decir lo que piensa? La realidad del ballet cubano sigue siendo oscura, difícil, compleja y llena de pequeños intereses creados. Esa es la verdad mayor y a veces resulta desalentadora la ausencia de la más elemental cordura entre sus miembros dispersos, de un sentido de Escuela con mayúsculas en cuanto defensa de sus valores éticos. Recientemente un reputado analista político francés decía que con el exilio cubano no se podía hacer nada coherente por su inveterada desunión. Pues esta misma afirmación taxativa puede extrapolarse al estrecho y particular universo del ballet cubano.

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Carlos López (ABT) en la variación de El Mercader (Pas D' Sclave).   FOTO copyright: Karime Arabia

El Festival Internacional de Ballet de Miami es en este sentido un oasis de verdad y de democracia que el tiempo se encargará de demostrar en toda su validez e importancia, pues ya, por el peso de los tiempos, cada cual va apareciendo en el sitio que le corresponde. En tal sentido, la historia del arte de ballet no absuelve. Si antes hablábamos del festival de ballet más importante del sur de los Estados Unidos, hoy podemos decir que lo es de todo el gran país que es los Estados Unidos de América. No se hace otro festival de este tipo, enfocado sobre el ballet clásico y su desarrollo, con la participación desinteresada de cientos de personas. Es previsible que el festival crecerá y se institucionalizará alrededor de la compañía, el Cuban Classical Ballet of Miami. Juntos constituyen una fuerza cultural indiscutible y esencial para el arte cubano del futuro.

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El bailarín español Carlos López (ABT) como El Mercader (Pas D' Sclave).   FOTO copyright: Karime Arabia

El 15º festival ha discurrido con éxito y con presencias de todas partes, como tiene que ser, y a mayor gloria del ballet en sí mismo. La pareja cubana estelar estuvo formada por dos bailarines excepcionales y muy diferentes entre sí: Xiomara Reyes, primera bailarina del American Ballet Theatre y Rolando Sarabia, actualmente figura principal del Cuban Classical Ballet of Miami y reconocida estrella internacional. Xiomara Reyes es la única cubana, además de Alicia Alonso, que ha consolidado la plaza de bailarina principal en el ABT, un mérito incuestionable y que debe ser resaltado convenientemente. Reyes es una bailarina segura, armónica, madura, con estilo propio y con una seriedad vertical en su carrera. Recuerdo cuando hizo su primera “Coppelia” con el Ballet de Flandes en Bélgica. Ya apuntaba maneras y se veía en ella el germen de la sólida estrella que es hoy. Xiomara Reyes bailó en Miami y en estos días viaja a La Habana como Principal Dancer del ABT.

Sarabia (“Sarabita”) es conocido por todos los públicos por su virtuosismo personal y su carismática personalidad escénica, un bailarín que cuando quiere, todo lo puede. Juntos, Reyes y Sarabia, forman una química especial que puede dar mucho de sí y traen as colación las esencias particulares que tanto se invocan de la manera particular que tienen los cubanos de hacer ballet. Desde hace más de tres o cuatro generaciones, la llamada escuela cubana de ballet trascendió la isla (empezó a suceder con la huída en París en 1966 de 11 artistas). También pasó con los rusos. Ambos han tenido su diáspora y eso también está sin historiar debidamente.

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La pintora española Pilar Cossío. FOTO copyright: Pablo Hojas

España estuvo otra vez presente en el 15º festival por dos vertientes y dos sectores de la danza que se mantienen en liza y que puede servir metafóricamente para retratar la situación del la danza en Madrid. De una parte, Carlos López bailarín clásico con una carrera consolidada de solista en el ABT y la pareja formada por Francisco Lorenzo y Marina Jiménez, miembros de la Compañía Nacional de Danza que ahora dirige Hervé Palito en sustitución de Nacho Duato. Carlos López bailó el “Pas d’Sclave” del ballet “El Corsario” con la joven Kaleena Burks, de Cuban Classical Ballet of Miami; él es un bailarín que en su madurez saca mucho partido a los papeles que aúnan al virtuosismo el desarrollo del un personaje de carácter, de fuerte expansión actoral, y el papel del Mercader se lo permite en grado sumo. Otros elementos a destacar en esta edición, la buena forma de Silvina Perillo, del Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires, la exquisitez de Ana Sophia Schiller (NYCB) y Joseph Phillips (ABT) que con su “Tchaikovski Pas de deux” de la gala final ofertaron quizá el mejor momento de todo el festival tanto en estilo como en musicalidad interpretativa. En esa misma gala vimos a otro cubano de larga y exitosa carrera internacional, Yosvani Ramos, actualmente figura en el Australian Ballet, que hizo con particular brío “Don Quijote” junto a Leanne Stojmenov.

La plástica siempre ha estado presente en el festival de Miami y por primera vez, una artista española era la encargada de aportar su creación para el cartel del evento. La pintora santanderina Pilar Cossío trabaja desde hace años con el tema del ballet. Una de sus últimas exposiciones de éxito, “La leçon de danse”. Que se ha visto en Nápoles, París, Beirut y otras ciudades, fue llevada a Miami y una de sus piezas es la imagen del póster. En esa imagen conceptual, arriesgada y con un concentrado lirismo convergen los signos de su estilo y se evoca a la bailarina clásica como una figura misteriosa, inasible, llena de fragilidad a la vez que consciente de su pode icónico. Cossío estuvo presente en la galería de la calle 8 donde se expuso su obra y se desveló el cartel a los medios de comunicación.

Fue también muy emotivo haber traído hasta Miami al crítico e historiador danés Eric Aschengreen, una gran personalidad reconocida internacionalmente y con toda seguridad, el teórico vivo más importante en cuanto al estudio de la Escuela Danesa y de August Bournonville. Aschengreen, a quien le ha sido otorgado el Premio de la Crítica y de la Cultura del Ballet matizó en su intervención sobre un tema que siempre está presente cuando se habla del futuro del ballet: la necesidad de conservar los estilos y maneras a la vez que se sienta un compromiso con la innovación y la modernidad. La convivencia de ambas tendencias es lo que garantiza la salud y el futuro de la danza clásica, y ese propósito sabemos los que venimos hasta aquí, es uno de los que alientan al festival de Miami y constituye la base de su prestigio y es su metafórica mejor arma.

© Roger Salas

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MIAMI2010_Spain-Nacho Duato-Marina Jimenez & Francisco LorenzoMarina Jiménez y Francisco Lorenzo de la Compañía Nacional de Danza.