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martes, 31 de mayo de 2011

Rolando Sarabia, Bernice Coppieters y Semion Chudin Premios Benois 2011

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Lorena Feijóo

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Rolando Sarabia, Bernice Coppieters y Semion Chudin Premios Benois 2011

Un cubano, un ruso y una belga obtienen los Benois de la Danza 2011 en Moscú

Sidi Larbi-Cherkaoui, Damián Jale y Jorma Elo premiados como mejores coreógrafos

ROGER SALAS

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Los premios Benois de la Danza 2011, reconocidos mundialmente como el Oscar de la Danza, recayó la pasada semana en Moscú en un bailarín cubano de la diáspora exiliado en Norteamérica desde hace 10 años, Rolando Sarabia, estrella del Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM); en el bailarín ruso de la plantilla del Ballet Bolshoi, Semion Chudin y en la artista belga Berenice Coppieters, primera figura de Los Ballets de Montecarlo, compañía a la que pertenece desde 1991. Coppieters está considerada la principal musa de Jean-Christophe Maillot, coreógrafo-director de la casa monaguesca desde hace tres lustros.

Recibió una mención especial del jurado el bailarín y coreógrafo sevillano Fernando Romero, que interpretó un solo flamenco de creación propia; consultados por este periodista varios de los jurados y como reza claramente en el acta final, la mención de consolación al mérito artístico de Romero no es el premio Benois en sí mismo ni se iguala en categoría a los tres mencionados anteriormente. El jurado en este 2011 estuvo compuesto por:

Yuri Grigorovich (Rusia, coreógrafo. Presidente del Jurado)

Davide Bombana (Italia, coreógrafo)

Philippe Cohen (Suiza, Director artístico del Gran Teatro de Ginebra)

Krzysztof Pastor (Polonia, Director artístico del Ballet Nacional de Polonia)

Pedro Pablo Peña (USA. Director/Fundador del Cuban Classical Ballet of Miami y del International Ballet Festival of Miami)

Sergey Filin (Rusia, Director artístico del Ballet del Gran Teatro Bolshoi de Moscú)

Jose Antonio Ruiz (España. Director del Ballet Nacional de España) y

Feng Ying (China Director artístico del Ballet Nacional de China).

Sarabia estuvo acompañado de la primera bailarina de la Opera de San Francisco, la también cubana Lorena Feijóo. Las funciones de gala y de entrega de premios tuvieron lugar en el gran escenario del Teatro Bolshoi de Moscú, uno de los coliseos históricos más importantes del mundo.

En este importante premio considerado el “Oscar de la Danza” por la seriedad de su jurado y la larga lista de grandes figuras que lo han conseguido, se premia la excelencia interpretativa y está vez, el galardón principal a la figura masculina del Ballet, recayó en el primer bailarín estrella cubano Rolando Sarabia por el papel de Basilio en el ballet “Don Quijote” presentado en Mayo de 2010 por el Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM) en el Fillmore Jackie Gleason Theatre de Miami Beach, función a la que asistieron varios miembros del Consejo de los Premios Benois. En la Gala de premiación del Bolshoi del día 23 de mayo Rolando Sarabia y la primera bailarina Lorena Feijóo, también nominada al premio Benois de la Danse, bailaron en Pas de Deux del tercer acto de “Don Quijote”, y ambos fueron ovacionados por el público presente en la gala por su virtuosismo, elegancia y concentración en el estilo. Grigorovich, que dirigió el Bolshoi por más de 30 años, recibió una rotunda ovación del público moscovita en pie al entrar al escenario. En ese acto también esta como invitado especial Nacho Duato, ex director de la Compañía Nacional de Danza de España y actual director artístico del Ballet Mijailovski en San Petersburgo. Duato se alzó con el Premio Benois en 2000 y es el otro español junto a José Carlos Martínez (Ópera de París) que han ganado hasta hoy el premio Benois en su categoría. También Tamara Rojo y Ángel Corella tienen el Premio Benois como bailarines y en esta edición estuvo nominado el madrileño Joaquín de Luz, primer bailarín del New York City Ballet por su interpretación de “El hijo pródigo” de George Balanchine.

Rolando Sarabia declaro a la prensa rusa su emoción y gratitud por el premio conseguido, lo que consideraba un honor difícil de superar e igualmente el director artístico Pedro Pablo Peña dijo sentir un gran orgullo de ver ganar a uno de los bailarines principales de su compañía de Miami por su excelencia artística y por su técnica prodigiosa en tan exigente premiación; también Peña se refirió al reconocimiento que representa ser parte de un jurado mundialmente valorado por su rigor.

Los otros premiados fueron: el coreógrafo belga-argelino Sidi Larbi-Cherkaoui y Damien Jale por la producción “Babel” y el coreógrafo finlandés Jorma Elo por sus creaciones "Midsummer Night's Dream" y "Slice to Sharp”.

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© Roger Salas / El País

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Rolando Sarabia

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Bernice

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Semion Chudin

domingo, 3 de octubre de 2010

XV Festival Internacional de Ballet de Miami

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XV Festival Internacional de Ballet de Miami

El ballet: un arma cargada de futuro

 

Han sido tres lustros de trabajo en ballet. Pedro Pablo peña ha puesto en pie un festival de ballet que ya tiene un prestigio consolidado y una compañía que lucha por sobrevivir y se refunda a sí misma constantemente. Pero lo más importante es lo que hay detrás, el fundamento que anima a esas fiestas de la danza: es la pervivencia del ballet cubano en el exilio, sus galas son siempre las galas de la libertad, a la que acuden artistas de las mejores compañías del mundo.

Roger Salas

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La historia del ballet cubano es también la de sus artistas exiliados. La propaganda filocastrista internacional ha intentado hacer aparecer a los bailarines cubanos que habían huido de la isla o de las filas del Ballet Nacional de Cuba como simplemente emigrantes económicos. Esa es una mentira cruel que camufla muchas historias particulares, la mayoría con algún ingrediente trágico que supera en la realidad a los argumentos más descabellados de los ballets románticos.

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El aparato mediático desplegado por los servicios secretos (y no tan secretos) cubanos y la profusa y floreada red de acólitos de Alicia Alonso propagó que el festival miamense no existiría más allá de dos o tres intentos y que imitaba pálidamente al de La Habana. Nada de eso se ha cumplido. El Festival Internacional de Ballet de Miami tiene su propio estilo, su propia vida, y lucha por progresar en un ambiente nada propicio, de cruda y despiadada competencia y sin el apoyo y los recursos institucionales de que goza el festival cubano en “la isla cautiva”, verdadera arma de propaganda política desde sus orígenes (no debe olvidarse que en varias ocasiones lo inauguró el propio Castro o sus palabras leídas por algún otro dirigente de la dictadura). Nunca ha faltado en los programas y libros hagiográficos alicistas la histórica foto de Fidel Castro junto a Alicia Alonso tras una función de “Giselle”. Esa foto sigue apareciendo como un símbolo (¿maldito?) del compromiso, (más bien la pesada cadena ideológica y material) que une al Estado Cubano con la institución cultural de la danza clásica. Eso no es nuevo. Los soviéticos heredaron de los zares la institución de los Ballets Imperiales de San Petersburgo y Moscú, que (seamos serios) era un arma de propaganda política en toda regla, ya en los tiempos en que estaba en manos de Marius Petipa a fines del siglo XIX. La revolución bolchevique implemente le cambió el nombre a los teatros, convirtieron en espías a algunas bailarinas (a otras las tiraron al Río Neva en Leningrado) y crearon algunos ballets con los solidarios temas del realismo socialista. Es este caso, todo siguió igual para que nada cambiara dentro del muy jerarquizado mundo del ballet. Cuba y su compañía titular más su festival, es un reflejo tardío y calcado del caso soviético, pero con algo de caricatura tropicalizada. Todo lo que ha pasado en Miami es una respuesta digna, orgánica y hasta espontánea de los artistas cubanos en libertad.

El Festival Internacional de Ballet de Miami cumple 15 ediciones en 2010, un logro difícilmente imaginable y que forma parte de la realidad del ballet en la ciudad de Miami gestada alrededor de su animador principal, Pedro Pablo Peña, un hombre formado en la praxis de los teatros cubanos primero y norteamericanos después. También no es menos cierto que este festival forma parte de la historia real del ballet cubano en el exilio (una historia que sigue estando pendiente de ser escrita con honestidad ante los hechos y las personas), aunque su propósito de internacionalización y de verdadera actitud democrática ante el arte del ballet lo ha caracterizado desde un principio. Los enemigos de esta iniciativa han florecido como setas en el bosque, dentro y fuera de Norteamérica, dentro y fuera de Cuba.

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Por motivos totalmente ajenos al arte del ballet mismo, el Festival Internacional de Ballet de Miami ha sido atacado desde el aparato propagandístico oficial cubano y por sus múltiples servidores tanto en Norteamérica como en Europa, en la que se incluye a ex miembros del BNC, escépticos ante la iniciativa de Peña, o simplemente celosos de su éxito. Ha sido una guerra soterrada muy injusta.

Durante un tiempo, si un artista venía a bailar a las galas del Festival de Miami, luego no podría hacerlo en La Habana, pero nunca al contrario: en el Festival de Ballet de Miami siempre se ha recibido a todos, incluso a quienes siguen manteniendo una actitud colaboracionista con Alicia Alonso y su séquito o que se reconocen como ideológicamente de izquierdas. Mayor demostración de equidad, imposible, y esta es una de las armas y de los valores que avalan al Festival de Miami. Pero dentro del conocido inmovilismo represivo, en Cuba las cosas han cambiado ligeramente al menos en esto. Las fuerzas de las circunstancias les han hecho aceptar tanto al aparato oficialista como a los propios gestores del BNC, y de paso a los poderosos dirigentes de la cultura insular, que algunos artistas bailen primero en Miami y luego vayan a La Habana. Es obvio decir que ha ganado la libertad., la libertad misma que la danza representa como expresión artística. Los vetos, rumores y amenazas siempre vinieron de parte del aparato organizativo del festival habanero. Esto ha cambiado, pero cabría preguntarse porqué nunca nadie quiere hablar de este espinoso tema, ni los bailarines, ni los coreógrafos, ni los críticos, ni siquiera los editores de libros. ¿A quién se teme en realidad? ¿Qué larga sombra puede tenderse todavía sobre la carrera de un bailarín por ir a un sitio determinado, expresarse bailando y decir lo que piensa? La realidad del ballet cubano sigue siendo oscura, difícil, compleja y llena de pequeños intereses creados. Esa es la verdad mayor y a veces resulta desalentadora la ausencia de la más elemental cordura entre sus miembros dispersos, de un sentido de Escuela con mayúsculas en cuanto defensa de sus valores éticos. Recientemente un reputado analista político francés decía que con el exilio cubano no se podía hacer nada coherente por su inveterada desunión. Pues esta misma afirmación taxativa puede extrapolarse al estrecho y particular universo del ballet cubano.

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El Festival Internacional de Ballet de Miami es en este sentido un oasis de verdad y de democracia que el tiempo se encargará de demostrar en toda su validez e importancia, pues ya, por el peso de los tiempos, cada cual va apareciendo en el sitio que le corresponde. En tal sentido, la historia del arte de ballet no absuelve. Si antes hablábamos del festival de ballet más importante del sur de los Estados Unidos, hoy podemos decir que lo es de todo el gran país que es los Estados Unidos de América. No se hace otro festival de este tipo, enfocado sobre el ballet clásico y su desarrollo, con la participación desinteresada de cientos de personas. Es previsible que el festival crecerá y se institucionalizará alrededor de la compañía, el Cuban Classical Ballet of Miami. Juntos constituyen una fuerza cultural indiscutible y esencial para el arte cubano del futuro.

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El 15º festival ha discurrido con éxito y con presencias de todas partes, como tiene que ser, y a mayor gloria del ballet en sí mismo. La pareja cubana estelar estuvo formada por dos bailarines excepcionales y muy diferentes entre sí: Xiomara Reyes, primera bailarina del American Ballet Theatre y Rolando Sarabia, actualmente figura principal del Cuban Classical Ballet of Miami y reconocida estrella internacional. Xiomara Reyes es la única cubana, además de Alicia Alonso, que ha consolidado la plaza de bailarina principal en el ABT, un mérito incuestionable y que debe ser resaltado convenientemente. Reyes es una bailarina segura, armónica, madura, con estilo propio y con una seriedad vertical en su carrera. Recuerdo cuando hizo su primera “Coppelia” con el Ballet de Flandes en Bélgica. Ya apuntaba maneras y se veía en ella el germen de la sólida estrella que es hoy. Xiomara Reyes bailó en Miami y en estos días viaja a La Habana como Principal Dancer del ABT.

Saraiva (“Sarabita”) es conocido por todos los públicos por su virtuosismo personal y su carismática personalidad escénica, un bailarín que cuando quiere, todo lo puede. Juntos, Reyes y Sarabia, forman una química especial que puede dar mucho de sí y traen as colación las esencias particulares que tanto se invocan de la manera particular que tienen los cubanos de hacer ballet. Desde hace más de tres o cuatro generaciones, la llamada escuela cubana de ballet trascendió la isla (empezó a suceder con la huída en París en 1966 de 11 artistas). También pasó con los rusos. Ambos han tenido su diáspora y eso también está sin historiar debidamente.

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España estuvo otra vez presente en el 15º festival por dos vertientes y dos sectores de la danza que se mantienen en liza y que puede servir metafóricamente para retratar la situación del la danza en Madrid. De una parte, Carlos López bailarín clásico con una carrera consolidada de solista en el ABT y la pareja formada por Francisco Lorenzo y Marina Jiménez, miembros de la Compañía Nacional de Danza que ahora dirige Hervé Palito en sustitución de Nacho Duato. Carlos López bailó el “Pas d’Sclave” del ballet “El Corsario” con la joven Kaleena Burks, de Cuban Classical Ballet of Miami; él es un bailarín que en su madurez saca mucho partido a los papeles que aúnan al virtuosismo el desarrollo del un personaje de carácter, de fuerte expansión actoral, y el papel del Mercader se lo permite en grado sumo. Otros elementos a destacar en esta edición, la buena forma de Silvina Perillo, del Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires, la exquisitez de Ana Sophia Schiller (NYCB) y Joseph Phillips (ABT) que con su “Tchaikovski Pas de deux” de la gala final ofertaron quizá el mejor momento de todo el festival tanto en estilo como en musicalidad interpretativa. En esa misma gala vimos a otro cubano de larga y exitosa carrera internacional, Yosvani Ramos, actualmente figura en el Australian Ballet, que hizo con particular brío “Don Quijote” junto a Leanne Stojmenov.

La plástica siempre ha estado presente en el festival de Miami y por primera vez, una artista española era la encargada de aportar su creación para el cartel del evento. La pintora santanderina Pilar Cossío trabaja desde hace años con el tema del ballet. Una de sus últimas exposiciones de éxito, “La leçon de danse”. Que se ha visto en Nápoles, París, Beirut y otras ciudades, fue llevada a Miami y una de sus piezas es la imagen del póster. En esa imagen conceptual, arriesgada y con un concentrado lirismo convergen los signos de su estilo y se evoca a la bailarina clásica como una figura misteriosa, inasible, llena de fragilidad a la vez que consciente de su pode icónico. Cossío estuvo presente en la galería de la calle 8 donde se expuso su obra y se desveló el cartel a los medios de comunicación.

Fue también muy emotivo haber traído hasta Miami al crítico e historiador danés Eric Aschengreen, una gran personalidad reconocida internacionalmente y con toda seguridad, el teórico vivo más importante en cuanto al estudio de la Escuela Danesa y de August Bournonville. Aschengreen, a quien le ha sido otorgado el Premio de la Crítica y de la Cultura del Ballet matizó en su intervención sobre un tema que siempre está presente cuando se habla del futuro del ballet: la necesidad de conservar los estilos y maneras a la vez que se sienta un compromiso con la innovación y la modernidad. La convivencia de ambas tendencias es lo que garantiza la salud y el futuro de la danza clásica, y ese propósito sabemos los que venimos hasta aquí, es uno de los que alientan al festival de Miami y constituye la base de su prestigio y es su metafórica mejor arma.

© Roger Salas

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miércoles, 14 de abril de 2010

Nacho Duato dejará el 31 de julio la dirección de la Compañía Nacional de Danza

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Nacho Duato dejará el 31 de julio la dirección de la Compañía Nacional de Danza

Este es el texto original en castellano del artículo principal de la revista Ballet2000/BallettoOggi (Nro. 207) que ya está en los quioscos y fue dedicado a Nacho Duato y a la Compañía Nacional de Danza (CND). Como la revista reproduce los textos en italiano, francés e inglés, pongo aquí la redacción primera. Hay pequeños cambios de edición, pero sustancialmente se trata de lo mismo. Ayer ya han comenzado a saltar en medios de la red que Duato adelanta su salida de la CND un año y que no acepta ni firma la prórroga de contrato ofertada por el Ministerio de Cultura Español hasta 2011. El futuro de la plantilla se mantiene incierto; el destino del ballet español también.
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Nacho Duato: 20 años de poder español

Roger Salas
Tras 20 años de poder hegemónico sobre el ballet en España, el coreógrafo y director artístico Nacho Duato celebra la onomástica de su Compañía Nacional de Danza (CND) en medio de una tormenta mediática y política, y muchos auguran que nos encontramos ante su doloroso canto de cisne.
El Ministerio de Cultura Español ha dicho públicamente que quiere dar un giro de 180º al conjunto, que de hecho es, en estricto, una compañía de autor, y que debería afrontar de ahora en adelante un repertorio mixto que abarque ballet contemporáneo y piezas del repertorio clásico-académico. Duato se niega y se aferra a su puesto, defiende su estilo y sus maneras de actuar. No se quiere marchar y amenaza con despojar a la compañía de su repertorio, mayormente suyo. La plantilla está desconcertada y hastiada, no saben qué futuro tendrán más allá del 1 agosto, cuando terminan todos los contratos actuales. Nadie parece saber nada cierto. Nadie dice nada concreto. Los rumores toman carta de naturaleza y dominan la escena.
Se trataría, en justicia, de mirar atrás, de ir en una máquina del tiempo al día en que el entonces debutante coreógrafo de “Jardi Tancat” llegó como invitado ocasional cuando dirigía Maya Plisetskaia y el repertorio sí era de verdad mixto y plural en cuanto a estilos (Petipa, Balanchine, Tudor, Tetley, Alberto Alonso, Duato mismo, etc.).
Pero hagamos un poco de revisión obligada en esta trayectoria de éxitos y dramas que ha sido la del ballet español en el último cuarto de siglo.
Juan Ignacio Duato Barcia (Valencia, 1957), conocido artísticamente como Nacho Duato, se ha posicionado como uno de los más prolíficos y reputados coreógrafos de la actualidad internacional. Sus obras están en el repertorio de todas las grandes compañías tanto de América como de Europa. Duato ha sobrevivido a muchos ministros de cultura y a varios gobiernos de distinto signo político. También fue un sobreviviente escénico. Anunció su retirada varias veces, pero volvía a aparecer estelarmente de vez en cuando, como si de una estrategia de agresivo marketing hollywoodense se tratara.
Lo ideal hoy día, según algunos, sería dejar a Duato como está (si es que se sigue creyendo en él y en su trabajo coreográfico y de dirección) y fundar una compañía de ballet aparte de carácter estatal y nacional que se ocupe de recuperar el repertorio clásico, pero eso es un sueño quimérico imposible: no hay dinero, no hay teatros, no hay tampoco la voluntad de tal aventura que requiere quizás varios años de rigor, con el añadido particular de que España tiene en ya en su vertiente de danza propia, la danza española, una compañía titular en el Ballet Nacional de España, algo que no debe interferir en el criterio del desarrollo de un ballet académico universal. El cuantioso y valioso patrimonio físico de la antigua compañía fue dispersado por órdenes expresas de Duato: producciones enteras, vestuarios, escenografías, partituras, archivos: todo fue segregado o ha desaparecido, lo que ciertamente, es un escándalo en sí mismo.
El catálogo de Nacho Duato, según estadísticas oficiales sobrepasa hoy ya los 70 títulos. 45 de ellos se mantienen como repertorio activo de la CND, a los que se agregan los títulos propios de la CND2.
A su llegada a la dirección del antiguo Ballet Nacional Clásico, Nacho Duato prometió la figura de compañía mixta (ahora muchos se lo recuerdan), pero luego la desechó, tal como prefiguró, con su lógica particular, el nuevo conjunto sobre el esquema, maneras y estilo del Nederlands Dans Theatre, donde él mismo maduró como bailarín primero y coreógrafo después (tampoco conocía otra cosa). Así, Duato creó también la CND2 para los jóvenes y acaparó el 95% del repertorio de la compañía titular y de la emergente. Sólo ocasionalmente se han visto piezas de Jiri Kilian, William Forsythe, Ohan Naharim y Mats Ek, en lo que fue sobre todo ese ingenioso juego de intercambio tan común hoy día entre ballets modernos (“tú me invitas a montar y yo te invito después a ti”: astucias de mercado).
La CND goza hoy de un gran prestigio en todo el mundo y constantemente hace largas giras internacionales; en general, la crítica internacional elogia el alto nivel de sus bailarines y la espectacularidad de las producciones de alto presupuesto, siempre creaciones propias de Duato. Pero el público de danza en España quiere algo más que Duato en exclusiva, lo que explica un cierto grado de saturación tanto en los ambientes profesionales y artísticos como de los aficionados. A pesar, Nacho Duato sigue gustando a los modernos y los teatros se llenan con sus temporadas regulares.
El artista valenciano ha escogido cuidadosamente a sus biógrafos (más bien hagiógrafos) que le sitúan como la figura imprescindible del arte coreográfico español del siglo XX, equiparándolo repetidamente a Kilian. Para otros, este parangón es exagerado. Duato ha declarado repetidamente que en España no hay ni siquiera buenos maestros de ballet y que siempre la danza ha sido mediocre hasta su llega al poder. De hecho, ha maquillado su propia biografía, donde ocultaba que empezó de la mano de Víctor Ullate en el antiguo Ballet Nacional Clásico (bailando coreografías de Maurice Béjart) y que sus éxitos personales empezaron en el music-hall local. Tampoco hay otros coreógrafos españoles que le acompañen en su tarea, pues no les considera a su nivel.
El poder omnímodo de Duato se comprueba cuando se accede a la web de la CND que remite a la suya particular (una connivencia que roza la fricción ética): es decir: él es la compañía, además de acumular más de 45 coreografías frente a las de los otros coreógrafos, que una vez estrenadas, prácticamente nunca más vuelven a ser repuestas. La compañía gira y se alimenta de sus propias obras personales, como toda compañía de autor. Esto ha sido una constante que ahora es ley y que ha generado las protestas de un sector de la profesión atendiendo a la situación particular española.
El estilo de Nacho Duato ha dominado en el panorama español. A través de su poder e influencias sobre los organismos oficiales no ha habido en estas dos décadas otra posibilidad de desarrollo orgánico, real y estable de otro tipo de compañía, de otros estilos, de otros coreógrafos.
¿Dónde nos conduce este panorama monocolor? A la ya muy contada historia de la diáspora de bailarines (clásicos o de otro estilo) a otras compañías del mundo y que España sea el único país de la Unión Europea que carece de una compañía de ballet clásico… o mixto! Fórmula recurrente que ahora quieren resucitar de una manera bastante ingenua. La realidad es mucho más dura y más cruda: En la compañía de Duato no se dan clases de puntas desde hace una década. En la práctica, ningún artista de su plantilla actual, por bueno que sea, está en condiciones de afrontar el repertorio clásico. Su estilo se ha impuesto en la didáctica y eso se extiende a la preparación de la CND2, la júnior o de los jóvenes. No se trata de talento, sino de adecuación a la práctica rigurosa del ballet.
Es así que surgen muchas preguntas tanto en lo ético como en lo estético. El caso de Nacho Duato se quiere parecer mucho al de Jiri Kilian, pues él mismo, siendo su discípulo, ha querido que así sea. Pero Kilian, un día, lo entendió y dijo adiós. Ya Duato ha hecho historia, posiblemente debe dejar que otros la continúen hacia el futuro.
Finalmente, tras el fallido estreno en el Teatro Real de “Jardín infinito” (inspirado por los cuadernos de notas de Chejov), obra lenta, fatigosa, incomprensible y aburrida, Duato se queda donde está, pero con más poder. De las reuniones con ministros y grandes burócratas la única conclusión es la ratificación de su omnímoda presencia y de una gran interrogante para la temporada que viene.
© 2010 Roger Salas / Ballet 2000

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ANÁLISIS

Adagio de la patata caliente

ROGER SALAS 14/04/2010
· Reconducir la estructura, funcionamiento y fines artísticos de la actual Compañía Nacional de Danza (CND) se presenta como tarea ímproba o, en lenguaje llano, patata caliente que, aun así, muchos querrán mondar. La idea del INAEM de proponer la paulatina transformación desde la compañía de ballet contemporáneo de autor que es hoy a una institución mixta, es quimérica. No se trata de descifrar enigmas, sino simplemente de práctica metodológica y de cultura profesional particular, algo inventado desde el siglo XIX y de lo que estamos rodeados en Europa. Dejémonos de zarandajas: un Lago de los cisnes o una Giselle decentes no se inventan de la noche a la mañana, ni las provoca un nombramiento de relumbrón, algo que podría tener un efecto no deseado y de lo que ya se han tenido aquí más de tres tazas de caldo. Estas son algunas reflexiones sobre el presente y el futuro de la nueva situación.
· - Repertorio. Lo del "repertorio mixto" es una obviedad que no puede convertirse en caballo de batalla, pretexto o fin. Las buenas compañías de ballet son capaces de asumir tanto los repertorios tenidos por convencionales o académicos como los actuales. Es una cuestión más de fondo que de forma, más de técnica que de estilos, y, sobre todo, más de responsabilidad moral ante el hecho artístico de la danza universal, sus valores y trascendencia.
· - Estatutos reguladores. Servirían de instrumento a la dirección artística y a la Administración pública en el desarrollo del trabajo de la nueva compañía, tanto que la independencia de actuaciones de la primera no impida a la segunda jugar su obligado papel tutelar, algo que no ha sucedido hasta ahora (tampoco con el Ballet Nacional de España).
· - Proyecto. Elaboración de un proyecto de interés artístico real y no de cura estética, que tenga en cuenta la necesidad de dotar al conjunto de un teatro estable de representación, el acceso convenido a una orquesta y de una plantilla de no menos de 60 artistas.
· - Director y equipo. Encontrar en la figura del director artístico la experiencia en tales tareas y dotar al equipo rector de los instrumentos prácticos (entre ellos, tiempo) para nuclear la nueva plantilla, darle empaque, unidad plástica y formal.
· - Reglas. Estructurar la compañía internamente de acuerdo a las reglas del género.
· - Plazos. Limitar el tiempo de permanencia en el cargo del director artístico.
· - Nombre. Llamar de nuevo a la compañía por su denominación original: Ballet Nacional Clásico, sin duda la más acertada.
· - Formación. Crear un taller de profesionalización o escuela-trampolín propia y no interferida por la educación reglada regular.
© 2010 Roger Salas
© El País