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miércoles, 6 de abril de 2011

Matteo Vittucci, bailarín y divulgador de la danza española en EE UU

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Matteo Vittucci y Carola Goya

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Matteo Vittucci, bailarín y divulgador de la danza española en EE UU

Formó pareja con Carola Goya y escribió varios libros sobre el baile español y las castañuelas

ROGER SALAS

(http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Matteo/Vittucci/estrella/danza/espanola/EE/UU/elpepinec/20110406elpepinec_2/Tes)

 

El bailarín y coreógrafo norteamericano Matteo Marcellus Vittucci murió el pasado jueves 24 de marzo a los 92 años en la residencia Lilliam Booth para artistas jubilados de la ciudad de Englewoog (Nueva Jersey) debido a complicaciones de un derrame cerebral. Conocido artísticamente como Matteo a secas, había formado una pareja legendaria de bailes españoles con Carola Goya desde 1954. En 1974, tras 20 años juntos, Carola y Matteo se casan. Carola Goya, que era también norteamericana e hija del productor Samuel Weller, murió en 1994 y en su biografía está el haber formado parte de la Compañía de José Greco entre 1947 y 1951. También fue la primera bailarina de danza española que dio un concierto en solitario en el Metropolitan Opera House bajo la dirección de Mijail Fokin en 1927.

Matteo Vittucci había nacido el 5 de febrero (o el 2 de mayo) de 1919 en Utica (Nueva York) e hizo sus estudios de música, historia y artes en la Universidad de Cornell, de donde pasó a la Escuela de Ballet del Metropolitan Opera House. También residió y obtuvo un doctorado por el departamento de danza de la Universidad de Springfield. Su debú fue como bailarín de ballet en 1940. Estuvo en plantilla de la compañía del Metropolitan Opera entre 1946 y 1950, y se mantiene como artista clásico hasta 1953 en que se interesó más en serio por las danzas de Oriente. Antes ya tuvo sus primeros lazos con las danzas exóticas a través de La Meri (su verdadero nombre era Rusell Meriwether) en su Centro Etnológico de Danza. En 1944 La Meri hizo una versión de El lago de los cisnes en lenguaje del Baharata-Natyam hindú, donde Matteo hacía el papel del príncipe.

El trabajo conjunto de Matteo y Carola no se circunscribió a los bailes españoles, sino que en 1967 fundan en Nueva York la Fundación para la Danza Étnica, con la idea de difundir y atesorar ordenadamente sus conocimientos de bailes tanto de Japón como de la India. Durante más de 30 años, el conjunto liderado por Matteo y Carola se insertó en el circuito de los teatros universitarios de toda Norteamérica, girando incansablemente con sus representaciones que siempre tenían un carácter didáctico. Matteo y Carola solían decir bromeando que probablemente muchos estudiantes norteamericanos no sabrían ubicar en el mapamundi a Sevilla pero seguramente los habían visto a ellos bailar sevillanas. En Nueva York, siempre se rodearon de amigos españoles desde los primeros exiliados después de la Guerra Civil. Después de la contienda, Carola, que había estudiado en Madrid, no regresó a España.

Durante años Matteo y Carola convirtieron en tradición su participación en el prestigioso festival de Jacob’s Pillow de Becket (Massachusetts), donde bailaban y daban cursos de verano.

Cuando Matteo ocupó la docencia de danza dentro de la Escuela Superior de Artes Escénicas de Manhattan (NY) a principios de los años 50, introdujo grandes cambios en el programa de estudios, entre ellos la danza étnica. Muchos de los graduados de esta época pasaron a formar parte de la Indo-American Dance Company, que fundó junto a Carola Goya y que luego se refundió en otras formaciones lideradas por ellos mismos.

Matteo escribió varios libros que han sido muy elogiados por estudiosos y aficionados del ámbito anglosajón, sobre todo El lenguaje de la danza española. Diccionario y Manual de referencias y el Woods that dance (editado este último por Dance Perspectives 33, 1968), un libro sobre las castañuelas que contenía además un sistema de notación y sus teorías muy documentadas acerca del origen oriental de este instrumento. A partir de 1955 Matteo y Carola pusieron castañuelas a partituras de Chopin, Gossec, Rossini y Stravinski para conciertos sinfónicos acompañados de grandes orquestas.

Matteo participó desde muy pronto en programas divulgativos de televisión y tuvo una importante contribución a la Enciclopedia dello spettacolo, donde aportó su sabiduría sobre lo étnico y escribió también para la Internacional Enciclopedia of Dance (Selma Jeanne Cohen, Oxford). Su última visita a España junto a Carola Goya fue en 1992 con ocasión del Congreso Internacional sobre La Escuela Bolera Española celebrado en Madrid.

© Roger Salas / El País

martes, 8 de marzo de 2011

‘Alicia en el país de las maravillas’ corona a Wheeldon como el gran coreógrafo inglés

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© ROH (ALICE IN WONDERLAND_Zenaida_Yanowsky_papel_Reina_Corazones)

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DANZA

‘Alicia en el país de las maravillas’

corona a Wheeldon como el gran coreógrafo inglés

El estreno en Covent Garden lo co-protagoniza con gran éxito la bailarina canaria Zenaida Yanowsky en el papel de La Reina de Corazones

ROGER SALAS

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La Alicia de Lewis Carroll está de moda en el ballet anglosajón. Dos compañías americanas y tres inglesas en los últimos años se han embarcado en versiones de este clásico con pequeñas variaciones en el título, desde un escueto Alice a secas o Alice’s in wonderland. El primero fue Derek Deane en el English National Ballet en 2000, obra repuesta en 2006 y 2008. En 2002 Serguei Kozadeyev hacía su versión en el Salt Creek Ballet (Illinois). En 2010 Lisa Sheppard Robson se embarcaba en la que ha sido la mayor producción del Gwinnett Ballet Theatre (Atlanta). Otra vez en el Reino Unido, el Royal Ballet de Londres en Covent Garden estrenó el pasado día 2 de este mes Alices’s adventures in wonderland, versión de Christopher Wheeldon protagonizado por Lauren Cuthbertson como Alicia, Serguei Polunin como el Jardinero/Sota de Corazones, Zenaida Yanowky como La Reina de Corazones y el reputado actor Simon Russell Beale como La Duquesa, que ya había participado en 1999 en una adaptación para la televisión de la obra de Lewis Carroll. Se espera también con gran expectación el estreno de la coreografía de Ashley Page el próximo 12 de abril en el Teatro Real de Glasgow con el Scottish Ballet y una música de encargo a Robert Moran.

A pesar de lo exótico de su apellido, Zenaida Yanowski es una canaria nacida en Lyón coyunturalmente, pues sus padres eran bailarines y trabajaban en la compañía de la Ópera de esa ciudad francesa (tal como Tamara Rojo nació en Canadá por las mismas razones: sus padres trabajaban en ese país de Norteamérica). El hermano de Zenaida, Yuri Yanowsky, es primer bailarín del Ballet de Boston. Zenaida es en cierto sentido una olvidada para los españoles, ha bailado poquísimo en nuestro país y tiene una sólida carrera mundial. En 1993, después de ganar medallas y asistir a concursos como una revelación, estuvo un año en la Ópera de París pero enseguida, en 1994 encontró su sitio en el Royal Ballet de Londres, donde pasó por todos los escalafones hasta llegar al de primera bailarina que ostenta hoy. Su esbelta figura, la fuerza de sus puntas, la determinación y limpieza de su baile le han merecido elogios de la crítica en roles particulares y complejos, como Myrtha Reina de las Willis de Giselle o El Hada de las Lilas de La Bella Durmiente, tanto como La Reina de las Dríadas de Don Quijote. Podríamos hablar de una bailarina con majestad, un adjetivo vernáculo que se usaba para designar a esas artistas capaces de dominar la escena (también su Odette-Odille de El lago de los cisnes es impactante), como lo hace en Alicia… de Wheeldon, ya que este coreógrafo la tenía como su as secreto en la manga y por eso la escogió para debutar en el primer cast del prismático papel de La Reina de Corazones, diseñada toda en riguroso rojo, de la peluca a las puntas pasando por el tutú y las mallas. Otra vez la crítica no ha escatimado elogios a Zenaida, que soporta gran parte de la obra en la dinámica y la aceleración de su baile, donde Wheeldon, cediendo a las exigencias de un público balletómano que conoce a fondo, ha creado para el personaje de La Reina de Corazones una danza donde se acompaña de cuatro hombres, a la manera del Adagio de la Rosa del primer acto de La Bella Durmiente de Petipa, no exento de cierta sarcástica ironía, y esto es lo que ha encandilado mayoritariamente a los cronistas y al venerable de Covent Garden. El papel de La Reina de Corazones es compartido en segundo cast con la otra estrella española del conjunto londinense: Tamara Rojo.

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© ROH

El coreógrafo Christopher Wheeldon (Yeovil Somerset, 1973) es la gran esperanza creativa del ballet clásico moderno a nivel mundial. Esto es un hecho, buena muestra de sus ballets están en el repertorio de todas las compañías importantes del mundo, y en España las podemos disfrutar en el repertorio del Corella Ballet Castilla-León. Siempre muy inglés a pesar de sus años en Norteamérica, su compositor preferido es Britten y ha tocado con éxito y elegancia temas históricos como Enrique VIII y la cabeza rodante de Ana Bolena. Alicia en el país de las maravillas está en su código genético y en su sensibilidad natural (entró con 11 años a la escuela del Royal Ballet), eso también es evidente, como es un hecho el paralelo con El Cascanueces de Hoffmann que dio lugar al ballet de Chaicovski sobre el guión de Marius Petipa y con la coreografía de Lev Ivanov): una joven en el mundo de los sueños, las escenas de miedo, el ideal principesco, el regreso final a la vida real…

¿Pero cómo acercarse al clásico de la literatura infantil que escribió Carroll? Pues a través de su experiencia balletística, y así lo ha hecho Wheeldon. Pero también hay que preguntarse: ¿ha desaparecido del todo la hipócrita moral victoriana a la hora de biografiar a Lewis Caroll? Evidente que no. Se pasa de puntillas sobre el hecho de que era un cura que retrataba niñas preadolescentes con poca ropa, semidesnudas o disfrazadas según sus fantasías claramente de fondo erótico, y que de paso, la inspiración le dejaba en su tiempo libre escribir una obra maestra entre paseos en barca y excursiones al campo. Las fotografías más comprometedoras de Carroll tardaron décadas en ver la luz y han recibido argumentos justificativos tanto desde el sesudo diván de los psiquiatras como de los estudiosos de la literatura: nos queda la extraordinaria obra como catalizador de virtudes y miserias a medio desvelar, y acaso esas cosas ocultas estén también entre líneas en la obra y algunas se dejan intuir en los ballets, en algunos más que en otros. Wheeldon hace un personaje dicotómico entre Lewis Carroll y el El Conejo Blanco interpretado por Eduard Watson (lo alterna con Jonathan Howells). Lewis Carroll también será personaje de ballet en la creación de Ashley Page que se estrena en abril.

El equipo artístico de Alice’s adventures in wonderland se completa con la música original encargada a Joby Talbot, abundante en citaciones de Chaicovski o Prokofiev, tal como la coreografía de Wheeldon hace sus referidos al Enigma Variations de Frederick Ahston o al Checkmate de Ninette de Valois, dos pilares del ballet británico. Varios críticos londinenses han admirado el segundo acto concebido por Wheeldon como “45 minutos de oro puro”. La obra dura dos horas y media con un solo intermedio. Jann Parry, de Ballet Magazine, concluye: que esta Alicia de Wheeldon es “una alternativa caprichosamente inglesa al omnipresente Cascanueces”. Otros espectadores se han visto golpeados por la fragmentación episódica a que obliga el argumento y Parry razona que es pronto para categorizarlo como “un nuevo clásico de nuestro tiempo”. La obra está hecha en coproducción con el Ballet Nacional de Canadá y participa de manera importante el mecenazgo privado de ambos lados del Atlántico.

Como es fácil imaginar, no hay una sola entrada ni para el gallinero. El público y la prensa se ha quejado de las pocas funciones ofrecidas dentro del estrecho calendario de la casa de ópera titular británica, un teatro que abre prácticamente los 365 días del año y que ofrece sobre todo ópera y ballet tanto local como de grandes compañías extranjeras. Pero hay que entenderlo, aunque se intuyera el triunfo: todo estreno mundial es un experimento, una caja de sorpresas inesperadas. El resultado, clasificado ya como “un nuevo gran ballet para todos los gustos” y primer gran estreno de Royal ballet en los últimos 20 años, se podrá ver de nuevo los días 9 y 15 de marzo con Zenaida Yanowsky en su papel de La Reina de Corazones, mientras que Alicia lo hará el 9 la Cuthbertson y el día 15 la argentina Marianela Núñez. El día 10 bailará Sarah Lamb como Alicia y Tamara Rojo en el papel que hace honores a su apellido: La reina de corazones.

© Roger Salas / El País

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© ROH (ALICE IN WONDERRLAND_Zenaida.reina)

lunes, 28 de febrero de 2011

Ángel Pericet Blanco, bailarín, maestro y coreógrafo

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Ángel Pericet

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Ángel Pericet Blanco, bailarín, maestro y coreógrafo

Máximo representante de la dinastía familiar sevillana, era el decano de la Escuela Bolera

ROGER SALAS

 

El bailarín, coreógrafo y maestro de Escuela Bolera Ángel Pericet Blanco murió en la tarde el pasado sábado día 26 de febrero en su casa de Madrid a los 85 años, víctima de un ataque cardíaco. Había nacido el 28 de febrero de 1926 en la Plaza de Zurbarán 3 de Sevilla, donde su padre, Ángel Pericet Giménez, tenía la academia de danza en la propia casa familiar (antes sus parientes habían vivido y trabajado la danza en la Calle de La Amistad); era nieto de Ángel Pericet Carmona, pilar de la línea familiar y maestro en la Casa de los Artistas de Sevilla en el siglo XIX (actualmente en restauración y donde todavía hay un cartel pintado en añil de la Academia de Bailes que data de 1905). Con su muerte desaparece el mayor de la más añeja e importante saga familiar de la danza español tradicional y de la Escuela Bolera en particular. Era también bailaor y profundo conocedor del baile popular andaluz. Contribuyó con sus parientes a la redacción de Técnicas, pasos y aprendizajes de la Escuela Bolera Andaluza, decálogo de su tradición y cultura coréutica; la primera redacción fue en 1942 y retocada en años posteriores. Una síntesis de esto se publicó en el catálogo del Congreso Internacional de La Escuela Bolera (Ministerio de Cultura, 1992), donde Ángel tuvo una activa participación en los coloquios, charlas y discusiones en que siempre defendió fervorosamente la autenticidad de sus planteamientos estéticos alrededor de la Escuela Sevilla y de los llamados Bailes de Palillos, con la conciencia de que la Escuela Bolera tiene su propio entrenamiento particular.

Ya en 1992, con ocasión de la Bienal de la Danza de Lyon dedicada a España, la especialista Marie-Françoise Christout, de la Biblioteca Nacional de París, señalaba que la saga de los Pericet era comprable y universal como la de los Viganó o Angiolini para Italia; los Taglioni para Francia o los Bournonville para Dinamarca.

Su formación dancística fue totalmente doméstica y autodidacta. Estudió piano con Guridi y acabó la carrera con notas altas y con la aspiración inicial de ser concertista, pero el baile se cruzó en su camino, un oficio que había aprehendido desde niño en casa. La familia Pericet se había trasladado a Madrid en 1932, a la Calle de La Encomienda 10 y otra parte de la familia a la calle Santa Casilda, donde abren sendas academias de danza. Ángel obtiene su primer contrato como pareja de Elvira Lucena en unos recitales en el Teatro Español donde debuta el 18 de febrero de 1947 y donde también baila Vicente Escudero. Después, ya bailando en el Teatro de La Zarzuela, le ve el director de la compañía Romería, de Estrellita Castro, y le contrata con su hermana Concepción para el Teatro Avenida de Buenos Aires, donde permanece cinco años además de girar por Brasil, Cuba Estados Unidos México y Chile. Fue Estrellita Castro quien le gestionó a Ángel una nueva prórroga para no tener que volver a España enseguida a cumplir el servicio militar, del que finalmente fue eximido. El cónsul español en Río de Janeiro le dijo una vez: “Hace usted mucho más por España bailando por el mundo que cumpliendo la mili, y es por eso que se le exime, por su labor cultural a favor de España”.

La relación de la Familia Pericet con Argentina había empezado mucho antes, cuando en 1927 Ángel Pericet Giménez había ido a Buenos Aires bailando con sus hermanas en el Teatro Casino y haciendo matinés en el Parque Japonés.

Más tarde, en 1969, ya afianzada su relación con Argentina, en el Teatro Colón de Buenos Aires baila y coreografía La vida breve y El sombrero de tres picos (Falla), además de obtener un gran éxito con los bailables de Doña Francisquita. En esas funciones del Colón bailaron junto a Los Pericet grandes estrellas del ballet argentino como Norma Fontela, José Negrín y Rubén Estanga, entre otros, tristemente desaparecidos en el accidente aéreo que diezmó la compañía bonarense.

La agrupación familiar de danza de Los Pericet se había fundado en 1959, comenzando a actuar y a hacer giras internacionales, donde bailaban los hermanos Ángel, Carmelita, María del Amparo, Eloy y Concepción, viajando a Asia y Europa, y ese año presenta en el Odeón de Buenos Aires la obra Danzas y cantares de España. Cuando Eloy se casa y deja el escenario para proseguir solamente en la enseñanza, le sustituye el bailarín solista del Teatro Colón José Zartman, que continúa con Los Pericet por muchos años.

Había hecho Ángel su primera coreografía a los 19 años: La academia de los bailes de Sevilla, a la que siguió una versión íntegra de Goyescas (Granados), y en 1950 estrenó su versión de El Vito, por primera vez bailado por un hombre, y la mantiene en repertorio hasta su retiro. En 1961 vuelve a una gira española que culmina en el Teatro Infanta Isabel de Madrid con muy buenas críticas y reseñas de prensa. En 1965 participa en los Festivales de España y hace unas presentaciones con nuevas piezas en el Teatro de La Zarzuela de Madrid. La última actuación importante en España de los cuatro hermanos Pericet juntos fue en este mismo coliseo con ocasión de las galas de La Escuela Bolera en noviembre de 1992 (Bailaron los cuatro hermanos las “Sevillanas Boleras” y Ángel y Carmelita “La Maja y el Torero”). Antes, los Pericet habían hecho tres conciertos en el Teatro des Celestins de Lyón en septiembre del mismo año, como parte de los actos de la Bienal lionesa. Allí también bailó La Maja y el Torero junto a su hermana Carmelita, lo que ya habían hecho juntos en 1990 en el escenario del Teatro Mariinski de San Petersburgo dentro del festival Bailar España. En esa ocasión también bailó una jota bajo la dirección orquestal de Fedotov, largamente ovacionada por los rusos. La Maja y el Torero también estuvo bailada por Ángel y Carmelita en el Teatro Romolo Valli de Reggio Emilia en la Gala del Festival de 1988.

Entre sus principales coreografías están España (Chabrier) y El fandando del candil (Padre Soler), que fue la última. En 1983 cuando María de Ávila asume la dirección del Ballet Nacional de España lo llama como adjunto y le encarga Seis sonatas para la reina de España (Scarlatti) que se estrena en 1985 y aún está en el repertorio activo de la compañía titular española. Participó en varias películas, destacando Café cantante (1951) con Imperio Argentina y dirigida por Momplet.

En Buenos Aires trabó amistad con Rabel Alberti, que le dedicó un poema que el mismo poeta leyó en el Teatro Odeón donde la compañía de Los Pericet hacían temporada y habían cedido el teatro un día para celebrar el 60º aniversario del natalicio de Federico García Lorca. Entre otros intelectuales de la época tuvo estrecha amistad con Rivas Cheriff y Juan Ramón Jiménez.

Ángel Pericet era un gran artista y una bellísima persona, muy colaborador y comunicativo, siempre dispuesto a contestar las preguntas que se le hacían con entusiasmo y buen talante. Durante toda su vida impartió cursos, clases y transmitió su repertorio histórico de la Escuela Bolera, insistiendo siempre en la importancia de la conservación de los estilos.

En su Sevilla natal hace pocos años se inauguró el Aula Pericet, con la idea de preservar y mantener vivo el patrimonio coréutico de la Escuela Bolera en su vertiente andaluza y Ángel se mantuvo ligado a ella.

Ángel Pericet se retiró de la escena el 5 de mayo de 2005 en el mismo Teatro Avenida de Buenos Aires (donde mismo hizo su debú argentino y americano en 1949) bailando en el espectáculo Sobre madroños y faralaes. De estas funciones el crítico del periódico La Nación de Buenos Aires escribió el 7 de mayo de 2005: “Está presente el carisma de los Pericet, estirpe de artistas, de aquel que aunque lo quiera, no se retira jamás”.

Ángel se llamaba a sí mismo “el bailaor de las dos orillas”, por su apego e implantación en el cono sur americano. Serán llevados sus restos a Buenos Aires para descansar junto a sus parientes en el panteón familiar. En 1992 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

© Roger Salas / El País