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miércoles, 6 de abril de 2011

Matteo Vittucci, bailarín y divulgador de la danza española en EE UU

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Matteo Vittucci y Carola Goya

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Matteo Vittucci, bailarín y divulgador de la danza española en EE UU

Formó pareja con Carola Goya y escribió varios libros sobre el baile español y las castañuelas

ROGER SALAS

(http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Matteo/Vittucci/estrella/danza/espanola/EE/UU/elpepinec/20110406elpepinec_2/Tes)

 

El bailarín y coreógrafo norteamericano Matteo Marcellus Vittucci murió el pasado jueves 24 de marzo a los 92 años en la residencia Lilliam Booth para artistas jubilados de la ciudad de Englewoog (Nueva Jersey) debido a complicaciones de un derrame cerebral. Conocido artísticamente como Matteo a secas, había formado una pareja legendaria de bailes españoles con Carola Goya desde 1954. En 1974, tras 20 años juntos, Carola y Matteo se casan. Carola Goya, que era también norteamericana e hija del productor Samuel Weller, murió en 1994 y en su biografía está el haber formado parte de la Compañía de José Greco entre 1947 y 1951. También fue la primera bailarina de danza española que dio un concierto en solitario en el Metropolitan Opera House bajo la dirección de Mijail Fokin en 1927.

Matteo Vittucci había nacido el 5 de febrero (o el 2 de mayo) de 1919 en Utica (Nueva York) e hizo sus estudios de música, historia y artes en la Universidad de Cornell, de donde pasó a la Escuela de Ballet del Metropolitan Opera House. También residió y obtuvo un doctorado por el departamento de danza de la Universidad de Springfield. Su debú fue como bailarín de ballet en 1940. Estuvo en plantilla de la compañía del Metropolitan Opera entre 1946 y 1950, y se mantiene como artista clásico hasta 1953 en que se interesó más en serio por las danzas de Oriente. Antes ya tuvo sus primeros lazos con las danzas exóticas a través de La Meri (su verdadero nombre era Rusell Meriwether) en su Centro Etnológico de Danza. En 1944 La Meri hizo una versión de El lago de los cisnes en lenguaje del Baharata-Natyam hindú, donde Matteo hacía el papel del príncipe.

El trabajo conjunto de Matteo y Carola no se circunscribió a los bailes españoles, sino que en 1967 fundan en Nueva York la Fundación para la Danza Étnica, con la idea de difundir y atesorar ordenadamente sus conocimientos de bailes tanto de Japón como de la India. Durante más de 30 años, el conjunto liderado por Matteo y Carola se insertó en el circuito de los teatros universitarios de toda Norteamérica, girando incansablemente con sus representaciones que siempre tenían un carácter didáctico. Matteo y Carola solían decir bromeando que probablemente muchos estudiantes norteamericanos no sabrían ubicar en el mapamundi a Sevilla pero seguramente los habían visto a ellos bailar sevillanas. En Nueva York, siempre se rodearon de amigos españoles desde los primeros exiliados después de la Guerra Civil. Después de la contienda, Carola, que había estudiado en Madrid, no regresó a España.

Durante años Matteo y Carola convirtieron en tradición su participación en el prestigioso festival de Jacob’s Pillow de Becket (Massachusetts), donde bailaban y daban cursos de verano.

Cuando Matteo ocupó la docencia de danza dentro de la Escuela Superior de Artes Escénicas de Manhattan (NY) a principios de los años 50, introdujo grandes cambios en el programa de estudios, entre ellos la danza étnica. Muchos de los graduados de esta época pasaron a formar parte de la Indo-American Dance Company, que fundó junto a Carola Goya y que luego se refundió en otras formaciones lideradas por ellos mismos.

Matteo escribió varios libros que han sido muy elogiados por estudiosos y aficionados del ámbito anglosajón, sobre todo El lenguaje de la danza española. Diccionario y Manual de referencias y el Woods that dance (editado este último por Dance Perspectives 33, 1968), un libro sobre las castañuelas que contenía además un sistema de notación y sus teorías muy documentadas acerca del origen oriental de este instrumento. A partir de 1955 Matteo y Carola pusieron castañuelas a partituras de Chopin, Gossec, Rossini y Stravinski para conciertos sinfónicos acompañados de grandes orquestas.

Matteo participó desde muy pronto en programas divulgativos de televisión y tuvo una importante contribución a la Enciclopedia dello spettacolo, donde aportó su sabiduría sobre lo étnico y escribió también para la Internacional Enciclopedia of Dance (Selma Jeanne Cohen, Oxford). Su última visita a España junto a Carola Goya fue en 1992 con ocasión del Congreso Internacional sobre La Escuela Bolera Española celebrado en Madrid.

© Roger Salas / El País

lunes, 28 de febrero de 2011

Ángel Pericet Blanco, bailarín, maestro y coreógrafo

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Ángel Pericet Blanco, bailarín, maestro y coreógrafo

Máximo representante de la dinastía familiar sevillana, era el decano de la Escuela Bolera

ROGER SALAS

 

El bailarín, coreógrafo y maestro de Escuela Bolera Ángel Pericet Blanco murió en la tarde el pasado sábado día 26 de febrero en su casa de Madrid a los 85 años, víctima de un ataque cardíaco. Había nacido el 28 de febrero de 1926 en la Plaza de Zurbarán 3 de Sevilla, donde su padre, Ángel Pericet Giménez, tenía la academia de danza en la propia casa familiar (antes sus parientes habían vivido y trabajado la danza en la Calle de La Amistad); era nieto de Ángel Pericet Carmona, pilar de la línea familiar y maestro en la Casa de los Artistas de Sevilla en el siglo XIX (actualmente en restauración y donde todavía hay un cartel pintado en añil de la Academia de Bailes que data de 1905). Con su muerte desaparece el mayor de la más añeja e importante saga familiar de la danza español tradicional y de la Escuela Bolera en particular. Era también bailaor y profundo conocedor del baile popular andaluz. Contribuyó con sus parientes a la redacción de Técnicas, pasos y aprendizajes de la Escuela Bolera Andaluza, decálogo de su tradición y cultura coréutica; la primera redacción fue en 1942 y retocada en años posteriores. Una síntesis de esto se publicó en el catálogo del Congreso Internacional de La Escuela Bolera (Ministerio de Cultura, 1992), donde Ángel tuvo una activa participación en los coloquios, charlas y discusiones en que siempre defendió fervorosamente la autenticidad de sus planteamientos estéticos alrededor de la Escuela Sevilla y de los llamados Bailes de Palillos, con la conciencia de que la Escuela Bolera tiene su propio entrenamiento particular.

Ya en 1992, con ocasión de la Bienal de la Danza de Lyon dedicada a España, la especialista Marie-Françoise Christout, de la Biblioteca Nacional de París, señalaba que la saga de los Pericet era comprable y universal como la de los Viganó o Angiolini para Italia; los Taglioni para Francia o los Bournonville para Dinamarca.

Su formación dancística fue totalmente doméstica y autodidacta. Estudió piano con Guridi y acabó la carrera con notas altas y con la aspiración inicial de ser concertista, pero el baile se cruzó en su camino, un oficio que había aprehendido desde niño en casa. La familia Pericet se había trasladado a Madrid en 1932, a la Calle de La Encomienda 10 y otra parte de la familia a la calle Santa Casilda, donde abren sendas academias de danza. Ángel obtiene su primer contrato como pareja de Elvira Lucena en unos recitales en el Teatro Español donde debuta el 18 de febrero de 1947 y donde también baila Vicente Escudero. Después, ya bailando en el Teatro de La Zarzuela, le ve el director de la compañía Romería, de Estrellita Castro, y le contrata con su hermana Concepción para el Teatro Avenida de Buenos Aires, donde permanece cinco años además de girar por Brasil, Cuba Estados Unidos México y Chile. Fue Estrellita Castro quien le gestionó a Ángel una nueva prórroga para no tener que volver a España enseguida a cumplir el servicio militar, del que finalmente fue eximido. El cónsul español en Río de Janeiro le dijo una vez: “Hace usted mucho más por España bailando por el mundo que cumpliendo la mili, y es por eso que se le exime, por su labor cultural a favor de España”.

La relación de la Familia Pericet con Argentina había empezado mucho antes, cuando en 1927 Ángel Pericet Giménez había ido a Buenos Aires bailando con sus hermanas en el Teatro Casino y haciendo matinés en el Parque Japonés.

Más tarde, en 1969, ya afianzada su relación con Argentina, en el Teatro Colón de Buenos Aires baila y coreografía La vida breve y El sombrero de tres picos (Falla), además de obtener un gran éxito con los bailables de Doña Francisquita. En esas funciones del Colón bailaron junto a Los Pericet grandes estrellas del ballet argentino como Norma Fontela, José Negrín y Rubén Estanga, entre otros, tristemente desaparecidos en el accidente aéreo que diezmó la compañía bonarense.

La agrupación familiar de danza de Los Pericet se había fundado en 1959, comenzando a actuar y a hacer giras internacionales, donde bailaban los hermanos Ángel, Carmelita, María del Amparo, Eloy y Concepción, viajando a Asia y Europa, y ese año presenta en el Odeón de Buenos Aires la obra Danzas y cantares de España. Cuando Eloy se casa y deja el escenario para proseguir solamente en la enseñanza, le sustituye el bailarín solista del Teatro Colón José Zartman, que continúa con Los Pericet por muchos años.

Había hecho Ángel su primera coreografía a los 19 años: La academia de los bailes de Sevilla, a la que siguió una versión íntegra de Goyescas (Granados), y en 1950 estrenó su versión de El Vito, por primera vez bailado por un hombre, y la mantiene en repertorio hasta su retiro. En 1961 vuelve a una gira española que culmina en el Teatro Infanta Isabel de Madrid con muy buenas críticas y reseñas de prensa. En 1965 participa en los Festivales de España y hace unas presentaciones con nuevas piezas en el Teatro de La Zarzuela de Madrid. La última actuación importante en España de los cuatro hermanos Pericet juntos fue en este mismo coliseo con ocasión de las galas de La Escuela Bolera en noviembre de 1992 (Bailaron los cuatro hermanos las “Sevillanas Boleras” y Ángel y Carmelita “La Maja y el Torero”). Antes, los Pericet habían hecho tres conciertos en el Teatro des Celestins de Lyón en septiembre del mismo año, como parte de los actos de la Bienal lionesa. Allí también bailó La Maja y el Torero junto a su hermana Carmelita, lo que ya habían hecho juntos en 1990 en el escenario del Teatro Mariinski de San Petersburgo dentro del festival Bailar España. En esa ocasión también bailó una jota bajo la dirección orquestal de Fedotov, largamente ovacionada por los rusos. La Maja y el Torero también estuvo bailada por Ángel y Carmelita en el Teatro Romolo Valli de Reggio Emilia en la Gala del Festival de 1988.

Entre sus principales coreografías están España (Chabrier) y El fandando del candil (Padre Soler), que fue la última. En 1983 cuando María de Ávila asume la dirección del Ballet Nacional de España lo llama como adjunto y le encarga Seis sonatas para la reina de España (Scarlatti) que se estrena en 1985 y aún está en el repertorio activo de la compañía titular española. Participó en varias películas, destacando Café cantante (1951) con Imperio Argentina y dirigida por Momplet.

En Buenos Aires trabó amistad con Rabel Alberti, que le dedicó un poema que el mismo poeta leyó en el Teatro Odeón donde la compañía de Los Pericet hacían temporada y habían cedido el teatro un día para celebrar el 60º aniversario del natalicio de Federico García Lorca. Entre otros intelectuales de la época tuvo estrecha amistad con Rivas Cheriff y Juan Ramón Jiménez.

Ángel Pericet era un gran artista y una bellísima persona, muy colaborador y comunicativo, siempre dispuesto a contestar las preguntas que se le hacían con entusiasmo y buen talante. Durante toda su vida impartió cursos, clases y transmitió su repertorio histórico de la Escuela Bolera, insistiendo siempre en la importancia de la conservación de los estilos.

En su Sevilla natal hace pocos años se inauguró el Aula Pericet, con la idea de preservar y mantener vivo el patrimonio coréutico de la Escuela Bolera en su vertiente andaluza y Ángel se mantuvo ligado a ella.

Ángel Pericet se retiró de la escena el 5 de mayo de 2005 en el mismo Teatro Avenida de Buenos Aires (donde mismo hizo su debú argentino y americano en 1949) bailando en el espectáculo Sobre madroños y faralaes. De estas funciones el crítico del periódico La Nación de Buenos Aires escribió el 7 de mayo de 2005: “Está presente el carisma de los Pericet, estirpe de artistas, de aquel que aunque lo quiera, no se retira jamás”.

Ángel se llamaba a sí mismo “el bailaor de las dos orillas”, por su apego e implantación en el cono sur americano. Serán llevados sus restos a Buenos Aires para descansar junto a sus parientes en el panteón familiar. En 1992 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

© Roger Salas / El País

viernes, 25 de febrero de 2011

Manolo Vargas, bailarín-bailaor mexicano

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Manolo Vargas, bailarín-bailaor mexicano

Fue un importante miembro de los Ballets de Encarnación López ‘La Argentinita’ y de la compañía de Pilar López

ROGER SALAS

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Manolo Vargas, el legendario artista mexicano de la danza española y el flamenco, murió el pasado martes 8 de febrero en Ciudad de México a los 98 años. Había nacido en Tala (Jalisco) el 15 de agosto de 1912 aunque en la mayoría de los diccionarios de la especialidad aparece su natalicio en distintas dataciones de 1914. Su biógrafo, el arquitecto y escritor Homero Alonso Martínez, que publicó en septiembre de 2010 “Una vida dedicada a la danza” (Ediciones La Naranja / Universidad Nuevo león de Monterrey), ha señalado cómo el tenaz y prolífico bailarín y maestro se mantuvo en activo hasta apenas una semana antes de su muerte, impartiendo las clases comprometidas en su academia. Fue una de las más importantes figuras de los Ballets de Encarnación López, ‘La Argentinita’ hasta la muerte prematura de ésta en 1945 y posteriormente de su hermana y continuadora, Pilar López. En el Diccionario Biográfico de la Danza Mexicana (coordinado por César Delgado Martínez) se le cita explícitamente en su importancia y le apuntan en 1987 la medalla Una Vida por la Danza.

Manolo Vargas, cuyo verdadero nombre era José Aranda de Valadez se formó académicamente en un internado de Guadalajara y empezó a estudiar danza con Óscar Tarriba, pero su formación posterior estuvo en manos de Encarnación López y El Estampío (Juan Sánchez Valencia y Rendón), quienes pulieron su potente y perdurada personalidad teatral, teniendo un lugar cimero el perfilado definitivo de la figura masculina del bailarín-bailaor escénico, que en sus tiempos compartió con figuras como Roberto Ximénez (con quien haría compañía propia a partir de 1954 hasta 1963), José de La Vega, José Granero o Alejandro Vega, y que tuvieron importante continuidad y enlace con la generación siguiente en la que figuran Antonio Gades, Mario Maya y El Güito (Eduardo Serrano Iglesias), entre otros.

Manolo Vargas se enfrentó a una férrea oposición paterna cuando manifestó su interés en bailar, y es por ello que abandona Jalisco y se establece primero en Guadalajara y después en el populoso Distrito Federal, donde frecuenta la bohemia artística y hace diversos trabajos esporádicos para sobrevivir, como empleado de una gasolinera, camarero en cafés cantantes y taquimecanógrafo en un banco mercantil, al tiempo que aparece ya matriculado en la Academia Nacional de Danza donde estudia ballet, folclore y danza española con los maestros Enrique Vela Quintero y Ernesto Agüero. Realiza sus primeros ensayos de danza en el Salón Riveroll con su maestro de entonces, Juanito Barajas, momento en que se decide dedicarse al baile español en propiedad al sustituir a Óscar Tarriba en un número de pareja con Raquel Rojas. Esa función la vio La Gitanilla, que lo invita como pareja de baile a Nueva York, donde se le encuentra ya a principios de los años treinta con el impulso del empresario Vicente Miranda. De nuevo en México se presentaron en El Patio, Corintio, en Le Grillon y de nuevo viajan a Norteamérica. En 1940 se encuentra allí trabajando en las salas de fiestas y revistas junto a una pareja de bailes exóticos (muy en boga en aquella época) y en Nueva York le ve el bailarín italiano de danza española José Greco Bucci, que a su vez lo introduce con Encarnación López, que necesitaban elementos masculinos para su compañía de ballet español, pero la gran española lo rechaza la primera vez al considerar que no estaba suficientemente preparado. Encarnación le admite en la segunda intentona y le cambia el nombre, con la mítica frase: “Yo tengo ya un José en la compañía, de modo que a partir de ahora te llamas Manolo”. Lo primero que bailó fue “Danza II” de Granados. El propio Greco estuvo a toda prisa durante cinco semanas enseñándole las coreografías para el debú. La crítica se fijó enseguida en su potente físico y le señala como una revelación en las funciones del Carnegie Hall de 1942. El empresario de bailarines Sol Hurok le pide a La Argentinita que bailen el “Bolero” de Ravel en unas funciones del American Ballet Theatre, que resulta un brillante cuarteto bailado por las hermanas López, José Greco y Manolo Vargas.

A la muerte de La Argentinita, su hermana Pilar López forma compañía y lo llama a Madrid, con quien permanece en plantilla fija hasta 1952. En 1955 emprende la aventura de la compañía propia con Roberto Ximénez: El Ballet Ximénez-Vargas, agrupación que sobrevive hasta 1963 (en su elenco estaba José Granero). Esta compañía se presenta en el Festival Jacob’s Pillow (Massachusetts) y visitaron México en dos ocasiones: 1955 y 1963. Entre sus coreografías están “Chamber Dance Quarter”, y en co-autoría con Ximénez, destacan “Leyenda”, “Tarantas” y “Zambra

Después de siete años de giras agotadoras, regresa a España en 1961 y ejerce labor docente y de escena hasta que regresa a su México natal.

Pilar López le rememoraba una vez así: “Sembrado de planta y personalidad, aunque falto de técnica e incluso no tenía un buen oído, pero su personalidad en escena era arrebatadora”. En su filmografía, que es amplia y muy variada, destacan “El amor brujo” (1949) dirigida por Antonio Román, con Ana Esmeralda como compañera de reparto y actuaciones especiales de Pastora Imperio y Juan Magriñá, y sobre todo “Duende y misterio del flamenco” (1952), de Edgar Neville, donde baila junto a todos los grandes de su tiempo. Fue el maestro de danza española y flamenco de la bailarina y coreógrafa norteamericana radicada en España Margaret Jova, a quien enseñó, entre otros secretos y tradiciones, el manejo de la bata de cola.

© Roger Salas © EL PAIS

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miércoles, 3 de marzo de 2010

Wendy Toye, bailarina, coreógrafa y cineasta (Obituario)

OBITUARIO

Wendy Toye,

bailarina, coreógrafa y cineasta

 

Fue uno de los pilares fundacionales de la danza británica

 

ROGER SALAS 02/03/2010

La bailarina, coreógrafa y directora de cine Wendy Toye falleció el 27 de febrero a los 92 años en Middlesex (Reino Unido). Figura clave del ballet británico del siglo XX y niña prodigio, debutó a los tres años en el Royal Albert Hall, y a los nueve redactó su primera coreografía. Fue premiada en el Palladium por su manera "artística" de hacer el charlestón. En el jurado, organizado por el poderoso productor C. B. Corhan, estaban Fred Astaire y Florenz Ziegfeld.
Pupila destacada de Ruby Ginner, Wendy fue también alumna de Enphen MacLaren, Tamara Karsavina, Nicolas Legat, Marie Rambert y el profesor Morosov. En 1929 debutó en el teatro Old Vic con Sueño de una noche de verano, participando también en estrenos como Tulip time, Follow the girls y Strike it again. Pero sin duda su mayor éxito fue The miracle, dirigida por Max Reinhardt y coreografiada por Leonidas Massine en el Lyceum. Wendy aparecía descalza en unas danzas muy vanguardistas para la época.

En el cine, su aparición en Dance pretty lady de Anthony Asquith hizo que crítica y directores se fijaran en ella. En 1934 formó pareja escénica con Frederic Franklin en los musicales del West End y en los supper clubs (restaurantes con espectáculos de variedades).

Como miembro original del Ballet Vic Wells (dirigido por Ninette de Valois), se la considera pilar fundacional de la danza británica. En 1937, creó la coreografía Cross-Garter'd, basada en la pieza de Shakespeare Twelfth night. Al mismo tiempo que Keith Lester recreaba Pas de Quatre, Toye creaba en 1936 Aucassin and Nicolette para Alicia Markova y Anton Dolin, las dos grandes estrellas del momento. En 1938 coreografió su primera obra larga, Black velvet, donde también era la protagonista. En esta ocasión, convenció al productor George Black de usar bailarinas de ballet en el chorus line(cuerpo de baile en un musical).

Después de la guerra y al reabrirse el teatro Adelphi, se integró en su elenco estable, pero una operación de apendicitis mal resuelta acabó con su carrera de bailarina clásica. El productor Cochran vio en ella el germen de una buena directora escénica y le encargó la opereta Big Ben, con música de Herbert y Ellis, que estuvo mucho tiempo en cartel. Con los mismos compositores estrenó Bless and bride y creó su propia compañía de danza, el Ballet-Hoo, con la que hizo giras mundiales. En 1959 recaló en Broadway y dirigió Peter Pan junto a Jean Arthur y Boris Karloff.

Su corto de cine negro The strange left no card ganó un premio en Cannes en 1953. Fue una de las dos primeras directoras (junto a Muriel Box) que logró asentarse en la industria británica del cine. Desde finales de los setenta ejercía como profesora de actores en Australia. Fue condecorada dos veces por la reina Isabel II.

© 2010 Roger Salas
© 2010 El País

domingo, 16 de agosto de 2009

OBITUARIO - David Ashmole, primer bailarín británico

David Ashmole como el Príncipe Albrecht en el 2º acto de "Giselle"


El pasado 25 de julio murió a los 59 años víctima de un cáncer el primer bailarín del Royal Ballet de Londres David Ashmole, uno de últimos exponentes del concepto de bailarín noble y producto genuino de la Escuela inglesa. Había nacido el 31 de octubre de 1949 en Cottingham (Yorkshire) y comenzó a estudiar en la Kilburgn School (Wellingborough), de donde pasó a la Royal Ballet School. Entró en la compañía en 1969 y en 1972 adquirió la categoría de solista. Ya en 1970 dobló el papel a Nureyev, que se fijó celosamente en él, dentro del reparto de “The ropes of time”, una creación del holandés Rudy van Dantzig, que no ha sobrevivido en el repertorio.

Fue bajo la breve dirección de Kenneth MacMIllan que Ashmole ascendió al rango de “principal”. Ya en esta época, Ashton le asignó papeles en sus obras, como el Colas de “La fille mal gardée”; en “El sueño” o en “The two pigeons”.

A David Ashmole, que fue precoz, le tocó alternar escenario y repertorio en su ascensión con dos señalados artistas: Anthony Dowell y Rudolf Nureyev, lo que es a todas luces una desventaja que se tradujo en un cierto ostracismo. La crítica anglosajona lo consideraba el más refinado exponente de bailarín clásico de su generación, y que sus encarnaciones de Albrecht en “Giselle” o Sigfrido en “El lago de los cisnes” eran canónicas. Otros de sus roles eran el del atleta en “Les Biches” (Nijinska); el Benvoglio en “Romeo y Julieta” (MacMillan), lo mismo que el Príncipe Desirée en “La Bella Durmiente”, el Franz de “Coppelia” o el Poeta en “Las Sílfides” (Fokin). En otra ocasión, se le encargó el estreno británico de “Dance at a gathering” de Jerome Robbins, en un reparto que contaba con Dowell, Nureyev y David Wall. MacMillan siguió contando con él, como en “Las cuatro estaciones”, pero en 1976, ante la situación de desventaja y rivalidades, decide trasladarse al Sadler´s Wells Royal Ballet, bajo la dirección de Peter Wright, llegando su época de florecimiento profesional. Allí participa en 1982 con Ninette de Valois en la recuperación de “Checkmate” (1937), uno de los pilares de la coreografía británica moderna, y de la que la BBC hizo un filme con Margaret Barbieri, David Bintley y el propio Ashmole como el Rey Rojo.

Mirando su apuesta línea y su baile elegante, Wright le hace protagonizar “Summertide”. También aparece en varias creaciones de Bintley como “Homage to Chopin”, “Night moves” y la gran producción “El cisne de Tunela” (Sibelius). Volvió a bailar esporádicamente en Covent Garden y fue “partenaire” de Margaret Barbieri, Marion Tait y Galina Samsova, con quien estrenó en 1981 una versión de “Lago de los cisnes”. En 1982 MacMillan le llama para “Quartet” (Verdi) y encabeza la inclusión en el repertorio inglés de “5 tangos” (Van Manen).

Pero en 1984 se decide a la aventura y parte a Australia, en cuyo ballet recala como primera figura masculina cuando dirigía la compañía austral Maina Gielgud e hicieron un filme sobre “La bella durmiente”. Su último gran papel allí fue en el “Orfeo” de Glen Tetley, pasando después a labores de ensayador. Volvió al Reino Unido en 1999 como profesor de materia clásica en la London Studio Centre, y se mantuvo como maestro invitado en compañías clásicas como las de Birmingham, Tokio o Sydney. Estaba casado con la exbailarina y maestra Petal Millar.

© 2009 Roger Salas / © EL PAIS